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UCR hará campaña atacando a todo el peronismo
El abrazo más esperado: Elisa Carrió y Ricardo Alfonsín el fin de semana en la Convención radical en Mar del Plata. Consiguieron ser los dos protagonistas de la reunión.
De todas formas, a Carrió esa situación no parece incomodarle: participó en la Convención y sabe que hoy el PJ representa un rival tanto desde el Gobierno como en la provincia de Buenos Aires, donde los disidentes Francisco de Narváez y Felipe Solá son una amenaza para su protegida Margarita Stolbizer.
La definición de las estrategias no partió de un documento consensuado en la Convención. Más bien se fue tejiendo en los discursos que se escucharon durante el fin de semana en el Club Quilmes de Mar del Plata. Allí quedó claro que los que aspiran a consolidarse como la renovación partidaria (por ejemplo, Gerardo Morales, Ernesto Sanz o el propio Ricardo Alfonsín) decidieron salir a la pelea con un discurso de confrontación: «Muchachos, el problema son los peronistas», se confiaba en los pasillos de la convención en relación con las amenazas externas.
De ahí que la estrategia pasará por cuestionar al peronismo sin diferenciar entre el «malo» (léase el matrimonio Kirchner) y el «bueno», los disidentes del PJ en todo el país.
«El discurso es el de un partido de gobierno que siente que tiene que estructurarse para volver al Gobierno y que para eso tiene que aprender del pasado. No le vamos a faltar el respeto al peronismo, pero hay otra forma de hablarle», se ilusionaban los radicales en un fin de semana en el que, después de muchos años, volvieron a sentirse que podían convocar algún voto más que para apenas zafar de una elección.
En la interna, mientras tanto, muchos problemas siguen subsistiendo. La dupla Leopoldo Moreau-Federico Storani no brilló por su ausencia, pero claramente perdió poder dentro de la estructura radical si se lo compara con reuniones anteriores.
El discurso de Storani fue aplaudido por la convención en dos ocasiones (sólo cuando hizo referencias en tono de homenaje a Raúl Alfonsín), pero nada más. En una prueba de los intentos de demostrar que algo comenzó a cambiar, ningún dirigente partidario alabó esta vez el discurso de Storani, todo lo contrario. Y Moreau pasó casi inadvertido, después del extremo protagonismo que tuvo en los funerales de Alfonsín.
Mientras, Elisa Carrió apenas tuvo que soportar una levísima silbatina de la Juventud
Radical que aún no termina de digerir el acuerdo, muchos integrantes de la conducción terminaron suspirando aliviados por la ausencia de Julio Cobos.
Esa visita, suspendida por decisión del vicepresidente
al haber viajado Cristina de Kirchner a Trinidad y Tobago, podría haber generado un escándalo: Daniel Katz le había organizado a Cobos un acto en su ciudad, paralelo a la convención. Pero por la interna que mantiene con Katz, el radical Jesús Porrúa, del Grupo Mar del Plata, tenía planes para un contrahomenaje a Cobos. Así, dentro del recinto de la Convención volaron panfletos con la consigna «Cobos traidor» que habían sido preparados como antecedente de un escrache que al final no fue.


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