30 de noviembre 2009 - 00:00

Última metamorfosis del viejo guerrillero

Montevideo (enviada especial) - «Yo soy un veterano que lleva unos años en los avatares políticos. Soy militante hace aproximadamente 62 y he pasado por algunas peripecias», se presenta José «Pepe» Mujica. Con 74 años de edad, lleva a cuestas una historia de vida polémica y por momentos desafortunada, que le ha deparado varias metamorfosis. La última de ellas era la más impensada hace no mucho: su elección como presidente de Uruguay.

Mujica se encaminaba hacia una despedida de la política, pero la insistencia de sus compañeros del Movimiento de Participación Popular (MPP, ex tupamaros) lo alentó a postularse para estos comicios.

Su estilo campechano y desaliñado jugó al principio en contra de sus ambiciones presidenciales. Era usual ver a Mujica en sandalias y boina, incluso en actos de envergadura. Pero desde que fue confirmado para liderar la fórmula presidencial junto a Danilo Astori, realizó un esfuerzo por asimilarse a los estándares políticos tradicionales, y se lo ha observado con traje, aunque sin corbata, y peinado con gomina.

«Yo siento que el Pepe habla y se dirige a mí. No es como los otros políticos, que le hablan a un grupo de gente. El Pepe es de todos», dijo Carlos, un simpatizante de 55 años. En esas palabras se resume la adhesión afán popular hacia este personaje, que despierta las más diversas opiniones y sentimientos entre la población local.

Polémicas

Sus declaraciones a veces desmedidas y sus numerosos exabruptos son fuente de polémicas en el ambiente político, pero son interpretados por muchos votantes como un indicio de honestidad. «En estos días estoy tomando dos cursos acelerados: el primero es para aprender a callarme la boca un poco más, y el otro para aprender a no ser tan nabo», explicó Mujica en setiembre, tras la polvareda que levantó su afirmación de que los argentinos «son un pueblo de tarados» en el libro «Pepe Coloquios».

Nacido en 20 de mayo de 1935, hijo de una familia de agricultores pobres, fue cofundador del Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros (MLN-T). En pocos años los militantes se multiplicaron hasta convertirse en la mayor guerrilla de Uruguay, que llevó a cabo varios secuestros de dirigentes y funcionarios extranjeros.

Su participación en ese bloque lo llevó a vivir en la clandestinidad hasta 1970, cuando fue arrestado tras un enfrentamiento con las Fuerzas Armadas.

El momento épico de su vida de guerrillero llegó un año después, al fugarse a través de un largo túnel de la Cárcel de Punta Carretas junto a otros 111 detenidos, un episodio novelesco que ha sido registrado en varios documentales.

Sin embargo, fue recapturado en 1972. Fue uno de los dirigentes tupamaros que la dictadura tomó como «rehenes», lo que significaba que serían ejecutados en caso de que la organización retomara las acciones armadas. En su cuerpo quedaron las marcas de las torturas y los vejámenes sufridos en la prisión.

En 1985, con la restauración democrática, fue liberado en el marco de una amnistía impulsada por el Gobierno de Julio Sanguinetti (1985-1990 y 1995-2000). En un contundente giro, Mujica asumió que la lucha armada no era el camino y comenzó a defender la «revolución ideológica». A partir de entonces, inició una carrera política a la luz del día y alejada de los fusiles.

En 1989 cuando creó el MPP (integrado en su mayoría por ex guerrilleros), que hoy es la principal facción de la coalición de izquierda Frente Amplio (FA).

Casado con la senadora y también ex tupamara Lucía Topolansky y sin hijos, Mujica -que tiene una chacra en el noroeste de Montevideo donde planta flores y hortalizas- fue el primer dirigente histórico del MLN-T en ingresar a la Cámara de Diputados en 1995.

Su carrera dio otro salto en 1999, al ser elegido senador. En 2004, Uruguay votó a Tabaré Vázquez como presidente para el período 2005-2010, en el que fue el primer Gobierno de izquierda de la historia del país.

En la administración saliente, Mujica se desempeñó como ministro de Agricultura, Ganadería y Pesca hasta mediados del año pasado.

En la campaña, defendió la línea económica moderada aplicada por Astori, muy distante de la ideología que pregonaba al principio de su carrera como militante.

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