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Último recurso kirchnerista abrazó a radicales y a Carrió
La polarización, entonces, puso al Gobierno en un riesgo que aun las encuestas no terminan de mensurar. Pero no fue la única equivocación: ¿no pensó el Gobierno que el adelantamiento de las elecciones sería tomado por los votantes como un signo de debilidad creciente en lugar de aceptar la teoría del impacto en el país de la crisis financiera, que fue explicada por Cristina de Kirchner en Chubut cuando tomó la decisión?
Claramente pocos recuerdan que se vota el 28 de junio en lugar del 28 de octubre, como fija el calendario electoral original, porque la crisis internacional obligó a evitarle al país seis meses más de discusiones de campaña.
Logró el Gobierno llevar la fecha a un momento de menor desgaste, como hubiera sido octubre, pero no pudo evitar con la decisión transmitir señales negativas al electorado.
El resumen de los errores en que cayó el oficialismo y que hoy repasa cualquier militante kirchnerista incluye también las candidaturas testimoniales: «¿Por qué lo hicimos? Porque teníamos miedo de perder. Entonces era imposible que no se dieran cuenta», se quejaba amargamente un hombre cercano al Gobierno el fin de semana.
Ninguno de esos elementos por si solos alcanza, de todas formas, para complicarle definitivamente la elección al Gobierno. Pero han ayudado a confundir al electorado y sangrar votos hacia la oposición en Buenos Aires.
El problema para la militancia es que ese análisis puede aplicarse sólo a lo que sucederá en la provincia de Buenos Aires. En el resto del país, el partido parece ya jugado para el Gobierno, y los resultados son sombríos. Son esos números que les auguran derrotas nuevamente a los Kirchner en todas las grandes ciudades del país, como sucedió en 2007, y problemas en buena parte de las provincias.
En una elección para renovar diputados esos datos son los que muestran cómo será la vida de Cristina de Kirchner en el Congreso después del 28 de junio. Sólo la provincia de Buenos Aires podría compensar la pérdida de 15 a 20 diputados que el Gobierno sufriría el próximo domingo. Ahora bien, si la diferencia entre Kirchner y De Narváez, aunque por ahora sea especulación, se ubica en 3, 4 o 5 puntos, el resultado no moverá casi el marcador del número de legisladores que el Gobierno ingresará al Congreso. Es decir: con guarismos de ese nivel, sea quien sea el que gane, la diferencia está entre dos diputados más o menos en cada lista. El oficialismo hoy ya no tiene mayoría en Diputados (retiene sólo 116 diputados), por lo que poco importará si la baja ronda los 15 o los 20.

