• ANTE LAS CRÍTICAS, BERTOLUCCI DIJO AYER QUE MARÍA SCHNEIDER "SABÍA LO DE LA ESCENA DE LA VIOLACIÓN" La viralización de un reportaje efectuado en 2013 al cineasta, donde reconoce que la actriz ignoraba lo que le haría Brando en el rodaje, le valió virulentas críticas. Pero ahora relativizó lo que dijo entonces.
Bertolucci. Blanco de las críticas en Hollywood y las redes sociales por una famosa escena rodada en 1972.
El film de Bernardo Bertolucci "Último tango en París" fue celebrado en su momento como un hito artístico. La influyente crítica Pauline Kael, en "The New Yorker", publicó un artículo (que también hizo historia) en el que dictaminó que la fecha de estreno de esta película, 14 de octubre de 1972, era comparable a la de "La consagración de la primavera", de Igor Stravinsky, el 29 de mayo de 1913, ya que ambas obras cambiarían para siempre el rostro de sus respectivas artes, en un caso el cine, en el otro el ballet. Kael ponía el acento en la forma de cine real, sin simulacros ni mentiras, construida por Bertolucci. "Este es el film erótico más poderoso jamás hecho", escribió. "Y al mismo tiempo el más liberador". Liberación: una palabra de moda en aquellos tiempos.
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En la Argentina gobernaba de facto Alejandro Agustín Lanusse y la película, obviamente, estaba prohibida. Después de asumir el gobierno Héctor Cámpora en mayo de 1973, y designar a Octavio Getino al frente del Ente de Calificación Cinematográfica, "Último tango..." fue una de las primeras películas en ser liberadas. Se la exhibió en una única sala, el Cinema Uno, en la calle Suipacha, y las filas que se formaban para verla solían dar vuelta la manzana. Estuvo en total 14 semanas en cartel: después de la muerte de Perón, con la llegada de Miguel Paulino Tato al Ente y la consiguiente prohibición masiva de películas, permaneció nuevamente censurada hasta 1983, cuando volvió a exhibirse (y a distribuirse en video) con la restauración de la democracia de Raúl Alfonsín. "Último tango...", de esa forma, fue considerada siempre, y por ambos géneros, una representación de la libertad. Pero los tiempos han cambiado y con ellos la ética social y política.
El 25 de noviembre último, Día Internacional contra la Violencia de Género, un blog español rescató una entrevista realizada a Bertolucci en la Cinémathèque Francaise, en 2013, hasta ahora poco difundida, y desde entonces se viralizó tanto que hasta llevó a varios actores de Hollywood (Jessica Chastain, Evan Rachel Wood y Chris Evans, entre otros) a condenar duramente a Bertolucci, y a muchísimos usuarios de redes sociales a pedir, inclusive, su comparecencia en los tribunales, pese al tiempo transcurrido.
En esa entrevista el cineasta, hoy en silla de ruedas, al referirse a la famosa escena de la violación anal a María Schneider (entonces de 19 años) por parte de Marlon Brando (48 años), dice: "Pobre María. Murió, creo que hace dos años. Después de la película no nos volvimos a ver porque ella me odiaba. La escena de la manteca la pensamos Brando y yo esa mañana, antes de rodar. Creo que me porté horriblemente con María porque no le conté lo que iba a pasar. Quería que su reacción fuera la de una muchacha, no la de una actriz. Quería que sintiera la humillación, no que la actuara. Nos odió a Marlon y a mí porque no le contamos el detalle de la manteca como lubricante. Aún me siento muy culpable por esto...". Cuando el entrevistador le pregunta si se arrepiente, Bertolucci responde: "No me arrepiento, pero me siento culpable. Hacer películas es también eso, conseguir cosas. Tenemos que ser completamente fríos".
Pero el procedimiento de Bertolucci, tan contrario al que apela a la "memoria emocional" del actor, no era nuevo. Un año antes, Sam Peckinpah en "Los perros de paja", una película caracterizada por su extrema violencia, rodó también una escena de violación (la actriz era Susan George). Ella contó más tarde que no le fue comunicado cómo iba a ser esa escena, ni dónde estaría ubicada la cámara. Como Bertolucci, Peckinpah pretendía una "reacción real": la diferencia era que esa escena sí estaba incluida en el guión. María Schneider, durante el resto de su turbulenta vida entregada a las adicciones, aseguró siempre que la suya no estaba prevista en el libro, y que lamentó no haber recurrido a la Justicia para demandar a Brando y a Bertolucci. Y mucho antes que eso, el cine se valió en no pocos casos de mentirle a un actor para obtener de él una expresión real y no "actuada". La autobiografía de Jackie Cooper, que debutó de niño en el cine, lleva como título "No maten a mi perro". Esto hacía referencia a que el director Norman Taurog lo amenazó, durante un rodaje, con matarle a su mascota, porque no lograba que el pequeño Cooper llorara en un escena. La leyenda dice, también, que William Wyler humilló de palabra a Audrey Hepburn para hacerla llorar, y que Stanley Kubrick maltrató varias veces a Shelley Duvall en "El resplandor" para obtener de ella la expresión que se proponía.
Ayer, sin embargo (y ante el escándalo que revivió este reportaje de tres años), Bertolucci se desdijo en parte de lo que efectivamente sostuvo en el reportaje, y calificó como una "ridícula equivocación" la indignación producida por esa escena de sexo. En un comunicado difundido por él en Roma, señaló que "decidí no informar a María del uso de la manteca. Queríamos que tuviera una reacción espontánea a ese uso impropio. Algunos han creído que ella no estaba informada de la violencia contra ella. Falso. María sabía todo porque había leído el guión, donde todo estaba descrito", precisó al hablar de la escena de sodomización.
"Lo único nuevo con respecto al guión fue la idea de la manteca. Eso fue, según supe muchos años después, lo que ofendió a María. No la violencia que sufrió en la escena y que estaba prevista en el film. Consuela y a la vez aflige que haya gente aún tan ingenua que cree que lo que ve en el cine ocurre en la realidad. No saben que en el cine el sexo es (casi) siempre una ficción y probablemente creen que cada vez que John Wayne dispara a su enemigo, cae muerto de verdad", continuó.
En 2007, un año antes de su muerte, Scheneider dijo a la prensa que esa escena no estaba en el guión y que fue forzada a hacerla, razón por la que odiaba a Bertolucci y a Brando. Pero ya es imposible confrontarla una vez más con el director.
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