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Últimos días de una negligencia
El trabajo de restauración avanza a pasos agigantados. El consejero Cultural de la Embajada de México, Alfonso Nieto, cuenta que los pasajes, el trabajo y las estancias en Buenos Aires durante casi cinco meses, de cinco restauradores, además de los materiales y equipos de restauración (pinceles, pinturas, solventes, herramienta especializada), los aporta el gobierno de su país. La suma es de dos millones de pesos mexicanos o 200.000 dólares.
Para lograr la autorización judicial y sacar la obra sentenciada a la inmovilidad por un intrincado litigio, se contó con la ayuda de tres mecenas. Carlos Pedro Blaquier (Ledesma) pagó 100.000 dólares a la playa de grúas Don Bosco que, guardó los containers durante años (a los pocos días de ser retirados, la abogada de la firma fue asesinada). Luego, Paolo Rocca (Techint) y el mexicano Carlos Slim (Claro y Telmex), solventaron los gastos de las grúas, el traslado y el tinglado para la restauración.
No se discriminaron las cifras, pero Magdalena Faillace estimó el total en 600.000 dólares y se sabe que Slim aportó el monto mayor. Además, el empresario mexicano compró el
boceto del mural que el periodista Chiche Gelblung heredó de su abuelo, un militante comunista a quién Siqueiros se lo había regalado. Entretanto, el proyecto de expropiación del mural, aprobado en 2007 por la Cámara de Diputados con media sanción, que se esperaba fuera aprobado en la última sesión del Senado ese mismo año, duerme aún en los cajones del Congreso.


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