- ámbito
- Edición Impresa
Un anticipo para Afganistán
Por el momento, no hay ningún
vínculo directo entre los enfrentamientos de la coalición gubernamental y los atentados que dejaron al menos 70 muertos en Bagdad. Pero para la mayor parte de los iraquíes y de los analistas internacionales, los atentados en la capital son la consecuencia de la confrontación entre sunitas y chiitas en el Parlamento y en el gabinete del primer ministro, Nuri al Maliki.
La escalada de confrontación en Irak no deja entrever además nada bueno para otro país en crisis: Afganistán. Y es que, al igual que el Ejército estadounidense en Irak, también las tropas de la OTAN intentan dejar la responsabilidad de la seguridad en manos de las tropas nacionales.
Sin embargo, tanto el Ejército iraquí como el afgano padecen serios déficits. Y, según Transparencia Internacional, ambos dependen de unos Gobiernos tristemente conocidos por su nivel de corrupción.
Quien piense que los atentados de ayer podrían servir para sentar a una misma mesa a los partidos enfrentados desde hace días quedará probablemente decepcionado. En lugar de intentar ponerse de acuerdo, se dedican a atizar el fuego.
Reacción
Varios políticos chiitas del partido del primer ministro Nuri al Maliki creen que los atentados son la reacción de los extremistas sunitas contra la orden de detención que pesa sobre el vicepresidente sunita, Tarek al Hashimi, al que se acusa de intentar atentar contra el primer ministro a fines de noviembre.
Pero el propio Al Hashimi ha perdido a varios familiares en los atentados. Para el diputado Ibrahim al Rakabi, de la alianza de Al Maliki, hay una relación entre ambas situaciones. «La relación temporal entre esta serie de explosiones en Bagdad y la orden de arresto de Al Hashimi muestra que hay una conexión con la decisión judicial contra Al Hashimi», dijo Al Rakabi a la agencia iraquí.
Para el líder de la coalición Al Irakiya, aliado con Al Hashimi, los recientes actos terroristas muestran de nuevo la incompetencia de las fuerzas de seguridad dependientes de Al Maliki, según explicó al canal Al Arabiya desde Beirut. En su opinión, el primer ministro debe dimitir.
Al Maliki no piensa, sin embargo, ni en dimitir ni en alcanzar acuerdos. Los actos terroristas no conseguirán desviarlo de su curso político, dijo pocas horas después de que doce bombas explotaran en la capital y misiles katiusha impactaran en el aeropuerto de
Mosul.
«Es la obligación de todos los líderes en Irak responder de forma rápida, responsablemente y unidos para responsabilizarse del fin de la violencia», aseguró el enviado especial de la ONU para Irak, Martin Kobler. Pero su llamada a la responsabilidad apenas encuentra eco estos días entre los mandatarios y líderes de los partidos. Ni siquiera los estadounidenses, que hasta hace pocos días tenían aquí sus bases militares, tienen ahora demasiada influencia. Al Maliki no tolera la menor amonestación.
Agencia DPA


Dejá tu comentario