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Un conflicto aún más complejo que Irak
Aquellos contrarios a una escalada militar en Afganistán no cesan de comparar la situación en este país asiático con la experimentada por EE.UU. en Vietnam.
En cambio, quienes apoyan la solicitud del general Stanley McChrystal a Barack Obama de miles de nuevos soldados, recuerdan el giro conseguido en Irak gracias a la estrategia contrainsurgente de David Petraeus, que es la que se quiere aplicar en Afganistán.
Diferencias
Estas son las cinco grandes diferencias entre ambos enfrentamientos bélicos que hacen mucho más difícil aplicar una estrategia contrainsurgente en Afganistán:
Los talibanes no son Al Qaeda. La clave en la estabilización de Irak conseguida por EE.UU. fue la separación de las diferentes facciones que formaban la insurgencia, y muy especialmente Al Qaeda, de sus elementos nacionalistas. Aquello fue posible porque Al Qaeda era visto como un cuerpo ajeno a la sociedad iraquí que se excedió en su voluntad hegemónica. De hecho, bajo el régimen de Sadam Husein, la organización de Osama bin Laden no existía en Irak. En cambio, los talibanes forman parte del tejido social afgano, por lo que será imposible extirparlos de la sociedad afgana.
Afganistán, un país sin tradición estatal. Irak poseía bajo Sadam un Estado fuerte, y se puede argumentar que su tradición de un Gobierno central se remonta a la civilización babilónica. En cambio, en Afganistán, incluso en las épocas de estabilidad, el Gobierno central ha sido muy débil, capaz de controlar los alrededores de Kabul y poco más. En las provincias, las tribus eran las que aportaban orden, y no existe una clase funcionarial, como sí sucede en Irak. Así pues, la tarea de construir un Estado legítimo, clave en todo esfuerzo contrainsurgente, es mucho más difícil en Afganistán que en el país árabe.
Fraude electoral. Aunque las diversas elecciones iraquíes no hayan sido un modelo de democracia liberal, el nivel de fraude ha sido mucho menor que en Afganistán, o al menos ésa es la percepción de la población, que es lo que realmente cuenta. El Gobierno iraquí tiene una mayor legitimidad que el afgano, lo que ha permitido que se haya ganado la lealtad de buena parte de la población en detrimento de las milicias. Por desgracia, no parece que lo mismo vaya a suceder pronto con el Gobierno de Hamid Karzai.
El santuario pakistaní. Es cierto que los países vecinos de Irak, Siria y sobre todo Irán, han ayudado a la insurgencia, proporcionándole armas, o al menos haciendo la vista gorda respecto a su entrada en territorio iraquí. Sin embargo, no se puede decir que los insurgentes dispusieran de un santuario allí en el que replegarse y recuperarse ante el acoso estadounidense, antes de planear nuevas ofensivas. Pues bien, esto es lo que sucede en Pakistán, y no parece que Islamabad pueda -o quiera- neutralizarlo ocupando las zonas tribales pastunes (ver nota aparte).
Territorio rugoso. El territorio montañoso de Afganistán es ideal para llevar a cabo una guerra de guerrillas, mucho menos propicia en un territorio desértico como el iraquí.


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