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Un debate económico teñido de ideología
¿Cómo es la sanidad en EE.UU.? En EE.UU. no existe la salud pública universal. El Estado sólo cubre la asistencia sanitaria de los jubilados, las personas de ingresos muy bajos (normalmente, por debajo del nivel de pobreza) y los ex soldados. Esos sistemas tienden a ser de copago, es decir, el usuario debe pagar un porcentaje (normalmente pequeño) de los servicios que recibe. El resto de la población debe contratar seguros privados si quiere tener asistencia sanitaria. Por lo general, son las empresas las que pagan las pólizas. Así que, si alguien pierde su empleo, se queda sin seguro médico.
¿Cómo funcionan los seguros privados? Muy mal. Por un lado, sus primas crecen a un ritmo del 12% anual. Además, están llenos de trampas para limitar la asistencia a sus asegurados. Las aseguradoras, finalmente, funcionan como un cartel, es decir, se dividen el mercado entre ellas, con lo que no existe una verdadera competencia y los ciudadanos no pueden optar entre diferentes planes.
¿Qué quiere conseguir Obama con su plan? Tres cosas: 1) Crear un sistema público que cubra a aquellas personas que no pueden costearse un seguro; 2) limitar el aumento imparable de los costos de los seguros; 3) regular el sector para que las aseguradoras no puedan valerse de excusas inverosímiles para no prestar los servicios médicos prometidos a sus clientes. En total, el costo de la reforma podría ascender a 900.000 millones de dólares en diez años. Es lo mismo que el Estado lleva gastado en Irak y Afganistán, y menos que lo que ha invertido en inyecciones de capital y garantías para salvar al sector financiero en los últimos diez meses.
¿Cuánta gente carece de seguro médico? Las últimas cifras oficiales, de 2007, señalan unos 45,7 millones, o sea, el 15% de la población. Probablemente hoy sean más, a medida que la recesión ha dejado a más gente sin empleo y, por tanto, sin empleadores que paguen sus pólizas.
Estudios
¿Por qué no tienen seguro? Los republicanos afirman que la gente no tiene seguro médico porque no quiere. Pero eso sólo vale para una minoría. Una serie de estudios de la Fundación Kaiser, el Fondo Commonwealth y The New York Times estiman que hay aproximadamente 30 millones de estadounidenses que no tienen cobertura sanitaria porque no se la pueden permitir. Otros seis millones simplemente no quieren tenerla. Finalmente, la maraña burocrática es tal y los cambios en la regulación tan constantes que hay otros 11 millones que no saben que pueden beneficiarse de los programas públicos.
¿Por qué mucha gente se opone a la reforma? Hay tres argumentos en contra: de carácter económico, político y psicológico. El argumento económico se resume en lo siguiente: al expandir el número de personas que pueden acogerse a un sistema estatal, se dispara el gasto público. Eso, en un momento de déficits históricos y en un país cuya identidad nacional se basa en gran medida en mantener al Estado fuera de la actividad económica, provoca un enorme rechazo.
¿Por qué el Partido Republicano rechaza de forma tan contundente el cambio que propone Obama? El argumento político se basa en la idea, que ya fue defendida por Ronald Reagan en los años 60, de que un sistema de salud público es el primer paso hacia la instalación de un sistema económico y político marxista. Increíble, pero cierto. En 1964, el propio Reagan dijo que, si se creaba un sistema de salud público para los ancianos, «acabaremos explicando a nuestros nietos cómo era este país cuando éramos libres». Lo cierto es que el sistema se creó. Se llama Medicare. Y, cuando fue presidente, Reagan, lejos de abolirlo, lo expandió. Igual que George W. Bush. Así, pues, los grandes defensores del libre mercado terminaron aliándose con Marx para lograr el voto de los jubilados.
¿Hay algún factor de tipo psicológico para rechazarlo? También hay un argumento psicológico, que se explica con dos cifras: el 68% de los estadounidenses cree que el sistema sanitario es malo, pero el 69% opina que su plan de salud es «bueno o excelente», según un sondeo de la consultora Rasmussen. Con esa idea en la cabeza, muchos creen que la reforma va a suponer un «racionamiento», es decir, que les van a quitar o reducir sus actuales planes de salud.


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