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Un docudrama desafortunado
De esa forma se entrelazan dos temas de actualidad y, además, «políticamente correctos» según cánones del progresismo en uso. El asunto tiene su interés, pero la credibilidad se pone en duda, culpa de una decisión artística desafortunada: en vez de hacer un documental como Dios manda, o una comedia dramática con todas las de la ley, Lipszyc decidió hacer un docudrama poético reemplazando a los protagonistas reales por actores, uno de los cuales recita su parte como de memoria, dificultando la compenetración del espectador. Por ésa y otras causas, el conjunto pierde verosimilitud, y, con ello, también pierde eficacia.
En poco ayuda la intercalación de tomas experimentales de intención evocativa, que supuestamente deberían meternos en el mundo interior del niño. El resultado queda a mitad de camino. Buen trabajo del platense Ricardo González, tan natural y cálido que hace enteramente creíble su personaje, buen clima gracias a la música de Pablo Sala, y poco más. Una lástima.
P.S.


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