Un “Don Giovanni” que seduce parcialmente

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Wolfgang Amadeus Mozart, que entre otros milagros fue uno de los más grandes operistas de los cuatro siglos que lleva de vida el género, dio sin duda un paso adelante con «Don Giovanni». Aunque la trilogía completa que creó en colaboración con Lorenzo Da Ponte es perfecta, este «dramma giocoso» estrenado en 1787 (que toma el mito universal de Don Juan, el libertino castigado por un poder sobrenatural) es de una modernidad escalofriante. «La ópera de las óperas», como la llamó famosamente E.T.A.Hoffmann, fascinó al Romanticismo, al Siglo XX y lo sigue haciendo aún, en especial por elementos musicales que le otorgan una complejidad y una profundidad dramática inéditas.

La elección del Teatro Colón para dirigir el segundo título de su temporada lírica recayó en John Neschling, y tal vez no fue la más afortunada. El brasileño, que había dejado en los porteños una excelente impresión tanto en sus conciertos con la Orquesta Sinfónica de Sao Paulo como en su «Juana de Arco en la hoguera» para el primer coliseo, no se reveló como un gran intérprete de Mozart (se lo vio además demasiado atado a la lectura de una partitura que merece ser conocida de memoria), y la poca claridad de su mano sin batuta conspiró contra el buen ensamble entre orquesta y foso. Se puede elogiar sí sus tempi ágiles y el respeto que inspiró en los músicos, quienes a su vez (salvo desafinaciones recurrentes en los cornos) cumplieron con una buena labor.

En el marco de una escenografía impecable y con un vestuario de líneas netas, el experto director de escena alemán Michael Hampe brindó una puesta sin sorpresas ni audacias, bien resuelta y con ideas claras que se vieron plasmadas en la medida de las dotes actorales de cada uno de los cantantes. El italiano Nicola Ulivieri impresionó en el protagónico por su voz de gran caudal, su apostura y el buen gusto de su canto; a su lado Eduardo Chama fue un adecuado complemento con un Leporello sanchesco, si se permite la intertextualidad. Norah Amsellem decepcionó como Donna Anna con un vibrato pronunciadamente ascendente, poca articulación del texto y falta de pureza en la línea vocal y de precisión en la coloratura; su partenaire John Tessier (Don Ottavio) brindó momentos de auténtico placer en sus arias y fue el más cercano del desiderátum en el cuadro de cantantes.

Virginia Tola, convincente en su actuación y con la belleza vocal de siempre, podría haber dotado de más matices musicales a un personaje tan complejo como Donna Elvira. Cabe destacar al jovencísimo Fernando Radó, que otorgó verdad y vocalidad intachable a su Masetto, y a Ernesto Morillo Hoyt, que hizo honor a su segundo apellido con un Commendatore de película. Con menos jovialidad de la que marca el libreto, el reducido Coro Estable fue correcto en sus breves intervenciones.

«Don Giovanni», Dramma giocoso en dos actos de W. A. Mozart. Libreto: L. da Ponte. Orquesta y Coro del Teatro Colón. Puesta en escena: Michael Hampe. Dirección musical: John Neschling (Teatro Colón, 13 de julio).

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