8 de diciembre 2008 - 00:00

Un espectáculo transversal

  • Hoy Madonna dará su último recital en River. El cuarto, vale decir el mayor número de presentaciones en un solo lugar de toda su gira «Sticky and Sweet Tour». Eso nomás, ya dio para que se aluda repetidamente a su «especial relación» con la Argentina. Como bien se vio, la semana pasada Madonna tuvo presencia hasta en la sección de Política Nacional de los medios gráficos, so excusa de la inevitable foto con la presidente Cristina de Kirchner en la Casa Rosada, y también en las paginas de Internacionales, ya que esa foto incluyó, por imperio de la casualidad, a otro ícono femenino del momento -salvando las distancias, desde luego-. como la colombiana Ingrid Betancourt.

  • Independientemente de las más de 200.000 entradas que vendió para sus shows locales, tratar de entender la « relación especial» de Madonna con los argentinos no es fácil.

    Aunque casi siempre con mordacidad, leve o manifiesta, las críticas, comentarios, notas de color (como así también comentarios escuchados más que nada en las plateas de River), reflejan una admiración disfrazada como con culpa de «reconocimiento». Como muchos gobernantes a los que nadie votaría o nadie nunca votó, pocos, si es que alguno, se admiten (o expresan como) fans de Madonna. Lo que todo el mundo dice es que sus espectáculos son «algo que hay que ver», aunque más no sea por la producción «de primerísima» que tienen.

    Además de su «obsesiva» (usada la palabra con cierto sesgo descalificante) búsqueda de la perfección en todos los aspectos de sus espectáculos, Madonna es la representación viva de las bondades del sacrificio, aunque por eso mismo se hagan especulaciones provincianas sobre la calidad de su vida privada. Sacrificio, que pasa a la categoría de obrador de milagros, cada vez que se recuerda,y se lo hace todo el tiempo, que cumplió 50 años, «¡Y mirá lo que hace a su edad!».

    En los hechos, hacia el final del espectáculo más transversal que se recuerde (del hip hop a la música electrónica, del Bosco al animé japonés, la impresión de maquinaria perfecta de un Cirque du Soleil y el toque étnico de un Kusturica), Madonna canta el equívoco himno «Don't Cry for me Argentina», con una bandera nacional atrás. Y el público aúlla, probando que «toda gloria es siempre una acumulación de malentendidos», como dijo Fernando Savater en un texto sobre Borges. Salvando las distancias.

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