Un jerarca PJ en crisis: la caída de “Betty” y la salida de Manzur

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Liviano de equipaje, Juan Manzur prepara su despedida del gabinete cristinista. El ministro de Salud -matancero reconvertido en tucumano- deslizó que dejará el cargo en "unas semanas" aunque el instante puntual quedó supedidato a urgencias y reemplazos y, desde ayer, a la urticaria que generó en el PJ el desplazamiento de Beatriz Rojkés de Alperovich de la presidencia provisional del Senado, butaca que tiene el encanto simbolismo de ser el tercer escalón en la cadena de mando; la segunda figura en la línea de sucesión detrás del vice Amado Boudou.

En persona, José Alperovich le pidió a Cristina de Kirchner que autorice a Manzur a volver a la provincia. El ministro, además de renunciado diputado nacional (electo en octubre de 2013), es vicegobernador con licencia.

"Éste es el peor momento de Alperovich", dicen en Casa Rosada y el dato se refleja en las encuestas que circulan en Balcarce 50. Las esquirlas del crimen de Paulina Lebbos y el estallido policial de fin de año aparecen como dos elementos críticos en un clima de desgaste tras más de una década de gestión.

El argumento que Manzur voceó en Salud es que Alperovich lo quiere como vice en funciones, con visibilidad y protagonismo. El propósito es que el gobernador, en un momento bravo, baje su nivel de exposición para frenar el deterioro. El tucumano, que ganó en 2011 con 75% y antes soñó con habitar la fórmula presidencial, entró en un tobogán que lo obligó a anticipar, a dos años de terminar su mandato, que no buscará otra re-reelección en 2015.

En la acepción más descarnadamente peronista de sociedad política, Manzur es Alperovich por lo que se recorta como su sucesor natural. Dejar Salud para regresar a la provincia como vice activo sería, en la lógica de las convivencias y las conveniencias, el primer paso para constituirse en heredero.

Destratos

La caída de Beatriz Rojkés, "Betty", puede desordenar ese mapeo. En Balcarce 50 retumbó la queja de los gobernadores por lo que se consideró un "destrato" a Alperovich que, en verdad, se leyó como un mensaje envenenado al peronismo que retrocede un casillero en la línea de sucesión. Sin Rojkés, el PJ deberá remontarse al presidente de la Cámara de Diputados, Julián Domínguez, para encontrar a una figura con ADN peronista. "¿Quién cobra con Zamora? Nadie: enoja a los radicales y enoja a los peronistas", sintetizó un funcionario.

Por la tarde, Carlos Zannini se lo notificó a un grupo de senadores y luego la Presidente habló con Rojkés. Notificados de esa charla, cuando Jorge Capitanich formalizó el enroque ante el bloque, los senadores no vocearon reproches aunque latía, todavía, la incomodidad que temprano se instaló en el despacho de Boudou.

El vice se confesó sorprendido por el cambio, porque la semana pasada había dado por clausurado, y frustrado, el operativo Zamora, bloqueo que la bancada que maneja Miguel Ángel Pichetto festejó como una victoria. "En estas condiciones, lo que no te beneficia te perjudica", dijo anoche un peronista del Senado sobre el costo para Boudou.

El elemento adicional lo aportó la influencia de Zannini a quien se atribuye la costura fina del desembarco de Zamora, un reflujo transversal que tenía anoche una única explicación tan piadosa como dolida. "Cristina tiene derecho a elegir quienes integran la línea de su sucesión".

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