26 de octubre 2012 - 00:00

Un mercado de cobardes

Un mercado de cobardes
Una de las características maravillosas de los mercados financieros libres es su capacidad de adaptarse y mutar.

Cuando los dirigentes de un Estado totalitario o fascista pretenden controlarlos con la cantinela de orientar el ahorro para bien del pueblo (y el objetivo real es incrementar su poder, engrosar los bolsillos propios y de «amigos», o algo tan venal como la venganza), los inversores simplemente se escurren a tierras donde la libertad y el derecho de propiedad tenga un auténtico valor.

Algunos intermediarios y empresas los seguirán, y el país se empobrecerá económica, intelectual y éticamente. Quien terminará pagando los platos rotos será el pueblo con el reemplazo de uno de los sistemas más eficientes, justos y democráticos en la distribución de la riqueza, por otro esencialmente corrupto (al no nacer del acuerdo entre las partes) y cuyo sino es el fracaso (ningún autócrata puede apuntalar por siempre a sus lacayos).

En el camino quedarán -aunque por un tiempo crean haber «zafado» al transvestirse al nuevo poder- los que por ineficiencia o más probablemente por cobardía no se atrevieron a ocupar la responsabilidad histórica que les cabía (recordados por la historia con algo parecido al «asco»).

Explicación

Es esta capacidad que han tenido los actores del mercado financiero norteamericano de enfrenarse a los poderes políticos de turno, defendiendo «derechos» aun a costa de su propio bolsillo lo que mejor explica porque, independientemente del 0,2% que ganó ayer el Dow al cerrar en 13.103,68 puntos, o la caída que tuvieron tras el cierre las acciones de Apple de la mano de su desilusionante balance, la Bolsa norteamericana ha sido, es y será por muchos años la mayor -que es lo mismo que decir que es la más confiable- del mundo.

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