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Un oasis para la producción bovina
El 90% de los granos para forraje es importado de las provincias del norte.
De acuerdo con las existencias medidas a marzo de 2009 y sobre unos 45 millones de hectáreas, Chubut posee un rodeo de 280.000 vacunos, Santa Cruz 77.000 y Tierra del Fuego unos 48.000. Estos volúmenes involucran a casi 2.500 productores. Si se considera que en 2009 había 52 millones de cabeza a nivel país, el stock patagónico representa apenas el 0,72% del total nacional.
Estos argumentos fueron más que suficientes para impulsar al Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA), luego de una gestión de la Sociedad Rural de Esquel, a iniciar un ciclo de charlas de capacitación para los productores de la región bajo la consigna «Ganadería y compromiso», referidas a las posibilidades que tiene la ganadería vacuna en la Patagonia sur. El ingeniero agrónomo Esteban Guitar pertenece a la Estación Experimental del INTA Esquel y fue uno de los responsables de contar a más de 200 productores las excelentes posibilidades que ofrece la producción bovina en la Comarca Andina. Este experto está convencido de que «es posible desarrollar la actividad en la región», ya que se trata de «una ganadería extensiva con muy poca aplicación de tecnología que, con la incorporación de cualquier paquete tecnológico, permite aumentar la producción en la región». «Hay una brecha muy importante que se puede mejorar», asegura.
Clima duro
Las características agroclimáticas de esta comarca posibilitan desarrollar la actividad en el complejo andino que posee lugares con más de 500 milímetros de precipitaciones en los valles. «En todos estos ambientes hay posibilidad de incorporar pasturas de buena producción y de hecho en el INTA hemos desarrollado mucha información en los últimos años y se puede realizar en secano y bajo riego», señaló Guitar.
En la región también se pueden implantar granos finos como la cebada o la avena, que en algunos lugares dio rindes de 5 a 6 mil kilos por hectárea con la ayuda de un paquete tecnológico que posibilita el empleo de fertilización y en condiciones de secano. En el valle de Trevelin, Chubut, los rindes pueden alcanzar hasta 3.000 kilos. La cebada es un grano interesante para utilizarlo con la suplementación animal, y en la zona del valle inferior del Río Chubut se trabaja con híbridos de maíz ultraprecoces que llegan a valores importantes en producción.
Se debe tener en cuenta que el 90% del territorio patagónico es desierto, con un problema ambiental complejo que se dio en los últimos años y una sequía que limitó sustancialmente los stocks ovinos. Allí, el productor toma a la actividad ganadera bovina como un complemento incorporado en los años 90 porque le daba liquidez, aunque con limitantes.
«La actividad ovina permite vender lana una sola vez al año, en cambio, si el productor tiene 10 vacas, luego tendrá terneros que los vende en el pueblo y logra una liquidez que antes no tenía con un sistema tradicional de producción, de estos sistemas quedaron los stocks que hoy conocemos», destaca Guitar. En esta provincia la producción ganadera vacuna está dividida en dos regiones claramente definidas. En la Comarca Andina se encuentra la zona de cría y en el Este, hacia la costa atlántica, se llevan adelante los procesos de engorde.
«El valle inferior del Río Chubut tiene un importante desarrollo forrajero, con un mercado local concentrado en Puerto Madryn, Trelew, Gaiman y Rawson, y una industria frigorífica instalada que abastece, además, al sur de la provincia, Santa Cruz y Tierra del Fuego. Mientras que la zona de cría de ganado bovino está asentada en todo lo que es el complejo de los bosques andinos y la zona de transición hacia la estepa», explicó el técnico del INTA. La región importa del norte el 90% del grano que se consume, para tener idea del gasto por cada tres equipos de balanceado que se trae (acoplados), uno equivale al costo del flete. Se trae maíz, núcleos proteicos y balanceados, con una calidad muy variable.

