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Un papel a la medida de Alcón
Alfredo Alcón le otorga credibilidad y encanto al alocado profesor de la obra de Juan Villoro, bien acompañado por Claudia Lapacó como su esposa, y Rodolfo Bebán como un filósofo ocupado en hacer lobby y figurar en TV.
«La filosofía no es para las especies menores. ¡O sos paraguayo o sos metafísico!» vocifera el viejo profesor deleitándose en su incorrección política. Es un filósofo ilustre, reacio a los honores, a la vida mundana y a todo aquello que pueda distraerlo de sus pensamientos. No obstante, en su oratoria de entre casa, se expresa con picardía y hasta con cierta vulgaridad. Parafrasea a Kant mientras elogia el trasero de su esposa y sus chistes sexuales, dirigidos a colegas y adversarios, también lo incluyen a él como víctima.
Su desbordante locuacidad no carece de astucia e ingenio, con ella logra disimular muchos de sus defectos (hosquedad, egocentrismo, obstinación, despiste) y lucir como un maniático con carisma, de esos que se ganan el cariño del público apenas abren la boca. Quién sino Alfredo Alcón podía otorgarle credibilidad y encanto a este alocado filósofo, más fantaseado que real, pero que al hacer reír no da lugar a mayores objeciones.
Lo acompaña Rodolfo Bebán en un discreto segundo plano y con un perfil que de a ratos evoca, irónicamente, sus viejos tiempos de galán televisivo. Ideal para que el profesor diga de él: «después pasó al existencialismo, con tal de usar polera». Su Pato Bermúdez es un filósofo ocupado en hacer lobby, figurar en televisión y disfrutar de la vida social sin asumir un desafío intelectual. Llega a la casa de su colega (de quien ha sido condiscípulo, amigo y rival amoroso) para obligarlo a ingresar a la Academia de Filosofía, pero el imprevisible profesor le revelará secretos y decisiones personales que tal vez le signifiquen a Bermúdez una dura lección de vida.
Claudia Lapacó (Clara) le pone nervio y simpatía a esa esposa juguetona que no se queda atrás en irreverencia y malicia («Profesor: Cómo te las ingeniás para ser tan común?/Clara: Pienso en lo que dirías vos y después le saco las boludeces».) En su debut como dramaturgo, el escritor mexicano Juan Villoro creó una atrayente pirotecnia verbal, pero no profundizó en el desarrollo del conflicto ni en sus personajes. A éstos se los conoce más por sus opiniones que por las experiencias vividas. Pese a que lo afectivo está en primer plano, no se perciben cambios profundos. Esta falta de dinámica en los vínculos se hace más evidente en la parejita que forman la sobrina y el chofer del profesor, cuya aparición, fresca y distractiva, funciona como un entremés dentro de la pieza (la escena de la cocina resulta más vistosa por el decorado que por lo que sucede en ella).
La escenografía es espectacular, sin duda, pero ese moderno loft estilo Puerto Madero ¿no es más adecuado para alguien como Bermúdez?
La pieza dura dos horas y resulta algo extensa y reiterativa, le sobran algunos soliloquios y demasiados movimientos de utilería. Pero el humor y la sensibilidad que Alcón pone en juego y su casi permanente presencia en escena hacen que el público disfrute del espectáculo de principio a fin.


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