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Un paseo histórico para celebrar el 25 de Mayo

El punto de partida tradicional para ese paseo por el pasado se inicia en la que desde 1580 se llamó la Plaza Mayor, y más tarde Plaza de Mayo [1]. El conquistador Juan de Garay eligió instalar en torno de esa plaza los edificios fundamentales: el Fuerte de Buenos Aires, que se transformó más tarde en la Casa de Gobierno [2] o «Casa Rosada» por el color que le dio Domingo Faustino Sarmiento mezclando los colores de las insignias de unitarios y federales. Por el sector de las calles Hipólito Yrigoyen y Paseo Colón se ingresa al Museo del Bicentenario, abierto de miércoles a domingo y feriados de 10 a 18. Este ofrece un panorama histórico desde 1810 hasta hoy en el espacio exacto en el que estuvo el Fuerte de Buenos Aires a principios del siglo XVIII y la Aduana Taylor, quedando restos de sus paredes. La visita permite ver también el famoso mural del artista mexicano David Siqueiros.
En el lugar asignado por Garay para la Iglesia Mayor de Santa María de los Buenos Aires se encuentra (esquina de Rivadavia y San Martín) la Catedral Metropolitana [3] que mantiene la planta proyectada en 1752, y en su interior está el Mausoleo que contiene los restos de José de San Martín.
A un paso, en Bolívar 65, está el Cabildo [4] construido en el siglo XVII, sede capitular de la administración colonial del Reino de España, asiento de las autoridades del Virreinato del Río de la Plata y escenario central de la Revolución de Mayo. En el lugar hay un valioso museo, y en el patio un aljibe que perteneció a la casa de Manuel Belgrano.
Para saber de la vida de los porteños desde la época de la colonia hay que ir al edificio del siglo XIX del Museo de la Ciudad [5] en Alsina 412, y en su planta baja está la Farmacia La Estrella, creada por Bernardino Rivadavia, la primera botica de la ciudad, que tenía un salón de tertulias que reunía a políticos.
A unos pasos, en Defensa 183, está Los Altos de Elorriaga [6] con dos patios y un mirador hacia el puerto. Esa casona, en Alsina 463, casa de María Josefa Ezcurra [7], cuñada de Juan Manuel de Rosas, muestra que a comienzos del siglo XIX la zona fue elegida por la burguesía porteña. Lo confirma el hecho que la casa de los Ezcurra sirviera de escenario a la novela «Amalia», de José Mármol.
La Manzana de las Luces [8], en Perú y Alsina, es un complejo arqueológico de históricos edificios que fue en 1633 un solar de los jesuitas y más tarde sede de instituciones educativas. Debido a las no dogmáticas enseñanzas y sus ideas «iluministas» tomó el nombre que le dio fama. Allí hay un centro cultural y se pueden ver galerías subterráneas que conectaban edificios en el siglo XVIII, que fue cuando los jesuitas, como parte de aquel complejo, fundaron en Bolívar al 200 el Colegio de San Ignacio, donde en 1906 por orden de Bartolomé Mitre se levantó el Colegio Nacional de Buenos Aires [9] teniendo a su lado la Iglesia de San Ignacio, la más antigua de la ciudad. Si a esta altura busca una pausa, en Alsina 420 está La Puerto Rico [10], café de tango, famoso por albergar famosas tertulias en el siglo XIX.
Otros hitos
Dos centros religiosos son de inevitable visita: la Basílica de San Francisco [11], en Alsina y Defensa, inaugurada en 1754 por los franciscanos, y la Basílica Nuestra Señora del Rosario y Convento de Santo Domingo [12] (Belgrano y Defensa) inaugurada en 1755, su torre tiene impactos de bala de la Segunda Invasión Inglesa, en el atrio el Mausoleo del General Belgrano, y en el interior las banderas que arrebató a los ingleses Liniers [13], cuya casa (Venezuela 469) es la única auténticamente colonial de San Telmo y un testimonio de los tiempos de pobreza en que austera, chata y con sus ventanas sin alinear, era la vivienda del héroe de las Invasiones inglesas. A una pocas cuadras, en el Pasaje San Lorenzo, entre Balcarce y Defensa, donde suele haber una feria de artesanos, está la casona del siglo XVIII llamada «Galería de los Patios de San Telmo» [14]. En el 380 de ese mismo Pasaje San Lorenzo encontramos uno de los lugares más sorprendentes de la ciudad, la «Casa mínima» [15] o «La casa del esclavo Liberto», vivienda con un frente de apenas 2,20 metros y 13 metros de profundidad que los amos destinaban a sus esclavos liberados que continuaban como sirvientes de la familia.
Otra parada mítica en el paseo histórico es en Independencia y Balcarce, desde hace un tiempo local de «El Viejo Almacén» [16], un viejo almacén del siglo XIX que desde que el cantor Edmundo Rivero tomó el lugar, lo transformó en una de las tanguerías más famosas del mundo. Otro lugar que, en este caso pasó al ámbito gastronómico, es la que fuera la casa de fines del siglo XVIII del periodista, autor y militar Esteban de Luca [17], que tuvo activa labor para enfrentar las dos Invasiones Inglesas; sus paredes guardan mucha historia de reuniones con los patriotas.
Continuando, en Humberto I 340 podrá visitar otro famoso monumento histórico, la Iglesia San Pedro Telmo [18], que comenzó a construirse en 1734 con austeridad colonial; su fachada restaurada en 1918 es de estilo neo-colonial. Erigida en nombre de Nuestra Señora de Belén, en 1813 se transformó en iglesia de San Pedro González Telmo. Quien busque hacer una pausa recorriendo una galería de los típicos anticuarios de San Telmo puede dirigirse a Defensa 1179, donde estuvo «La casa de los Ezeiza» [19] y aún se ven allí las transformaciones que sufrieron los hogares al avanzar el siglo XIX. La Plaza Dorrego [20], en Defensa y Humberto I, invadida por porteños y turistas, sobre todo los domingos de 10 a 18 cuando abre la Feria de Antigüedades, es la segunda plaza más antigua de la Ciudad. En tiempos de la colonia estuvo allí el Mercado de las Carretas de los Altos de San Telmo, donde llegaban cargadas con productos del interior del país para ir hacia la Plaza del Mercado, que se encontraba junto a la Plaza Mayor, en la actual Plaza de Mayo. Ese lugar fue declarada Monumento Histórico Nacional, porque allí el pueblo se reunió para reafirmar la Declaración de la Independencia de 1816, firmada en la ciudad de Tucumán.
Algunos historiadores dicen que fue en las barrancas naturales que tienen hoy por límites las calles Defensa, Brasil, Martín García y Av. Paseo Colón, que conforman el Parque Lezama [21], donde Don Pedro de Mendoza decidió fundar la ciudad. Lugar con mucha historia, fue depósito de esclavos, escenario de una de las batallas de la Primera Invasión Inglesa, emprendida por el general Beresford, transformada por el inglés David MacKinley en su quinta haciendo flamear la bandera inglesa, cosa que hizo que se la llamara «la quinta de los ingleses». En 1857 la compró el comerciante salteño José Gregorio Lezama, que amplió la propiedad, donde hoy está el Museo Histórico Nacional, que se puede visitar de miércoles a domingo de 11 a 18. Lezama enriqueció el lugar con árboles y plantas, escalinatas, lagos y glorietas. Después de la muerte de Lezama, su viuda, Ángela Álzaga, vendió el predio a la Comuna con la condición de que fuera destinado a un parque público que debía llevar el nombre de su marido. En ese escenario transcurre gran parte de la novela «Sobre héroes y tumbas», de Ernesto Sabato. En el anfiteatro, con capacidad para 6000 personas, se llevan a cabo espectáculos musicales y de teatro para chicos.


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