11 de febrero 2014 - 00:00

Un policial noruego salvó el día de ayer en la 64a Berlinale

Arriba, una imagen de “Aimer, boire et chanter”, de Alain Resnais. Al lado, el director noruego Hans Petter Moland con Stellan Skarsgard y Bruno Ganz,  protagonistas del celebrado policial cuyo título internacional será “En orden de desaparición”.
Arriba, una imagen de “Aimer, boire et chanter”, de Alain Resnais. Al lado, el director noruego Hans Petter Moland con Stellan Skarsgard y Bruno Ganz, protagonistas del celebrado policial cuyo título internacional será “En orden de desaparición”.
Berlín - Un buen policial noruego, "Kraftidioten" de Hans Petter Moland, salvó ayer del tedio a la quinta jornada del 64° Festival de Berlín donde decepcionaron tanto el maestro francés Alain Resnais como, en menor medida, el cineasta chino Lou Ye.

En su tercera aparición en la Berlinale, Moland encantó al público y la crítica con un policial que, sin olvidarse de ninguno de los tópicos tradicionales del género, sorprendió con una improbable historia de un padre que busca vengar la muerte de su hijo. Así logra hacer enfrentar a las dos bandas rivales que controlan el tráfico de droga en un pueblo perdido en la nieve del norte de Noruega.

Pero también hubo espacio para la decepción causada, sobre todo, por Resnais, que a los 92 años ya no tiene que demostrar nada, pero hace extrañar con "Aimer, boire et chanter" (Amar, beber y cantar) su fama de gran renovador del cine de la segunda mitad del siglo XX, con una comedia de corte teatral e insoportablemente sobreactuada. Por su parte, Lou Ye que con "Tui Na" (Masaje ciego) abandona los temas urticantes sobre la realidad de su país que le valieron años de proscripción y prohibiciones.

El título internacional de la película noruega, "In Order of Disappearance" (Por orden de desaparición) se refiere a uno de los toques irónicos de los que abunda el guión original de Kim Fupz Aakeson, un cartel con el nombre de los personajes que va dejando en su camino la furia vengativa de Nils (un perfecto Stellan Skarsgard). Pero en este policial, que también cuenta con el gran Bruno Ganz en su elenco, donde se perciben las influencias de Quentin Tarantino o de los hermanos Joel y Ethan Coen y hasta de Sam Peckinpah, entre muerte y muerte se pueden apreciar destellos de crítica social como la de que el sol y la seguridad social son incompatibles y que las cárceles noruegas superan en lujo y comodidad a los grandes hoteles.

Esta es la tercera vez que Resnais se inspira en la obra del prolífico comediógrafo inglés Alan Ayckbourn, pero "Aimer, boire et chanter", banal traducción del título original "Life of Riley", no tiene ni la densidad narrativa de "Smoking/No Smoking" (1993) ni la simpatía de "Coeurs" (2006). Tiene eso sí la estructura teatral con la que Resnais oculta la escasez de presupuesto y le permite prescindir de exteriores que a sus 92 años pueden ser peligrosos para su salud (como lo debe haber sido un viaje a Berlín, anulado a último momento). Pero sobre todo tiene un grupo de actores, compinches en la vida como en el arte (Sabine Azéma, André Dussolier, Hippolyte Girardot) a los que dio rienda suelta para sobreactuar a su gusto y que es uno de los más grandes defectos de la película.

Lou Ye se ha pasado la vida jugando a las escondidas con la censura china que a cada aparición sin permiso de sus películas en festivales internacionales lo castigaba con dos o tres años de prohibición de filmar (lo que obligaba al director a dirigir en total clandestinidad, mandando revelar el negativo a laboratorios europeos). También solía tocar temas urticantes de la realidad china como la masacre de Tiananmen, las relaciones homosexuales o el conflicto chino-japonés de los años 30 del siglo pasado. "Masaje ciego", en cambio, está inspirado en una obra literaria de Bi Feiyu que habla de un instituto de masajes, regenteado por ciegos, donde conviven ciegos y semiciegos, más o menos resignados a su condición. Amores frustrados o exitosos y curas milagrosas son relatados a veces poéticamente y otras con suma dureza y también con excesivos movimientos de cámara, fuera de focos y sonidos ensordecedores volviendo al film, por momentos, una experiencia molesta y mortificante para el espectador.

Por otra parte, Pierce Brosnan, con su gesto de eterno James Bond, y el músico Nick Cave, en su áurea de poeta maldito, imprimieron ayer su estilo en la Berlinale, el primero como un perfecto caballero y el segundo en su característico look de negro riguroso. "Hacer de James Bond fue un regalo, una oportunidad única, que me abrió las puertas para hacer carrera a escala internacional. Amo este trabajo y por eso festejo cada papel que he hecho antes o después del 007", dijo Brosnan, presente en ese festival al frente a la película "A long way down", exhibida en Berlinale Special. El acto compareció ante los medios junto al director del film, Pascal Chameil, y su compañera de reparto Toni Collette, entre otros miembros del equipo.

Basada en el bestseller del mismo título de Nick Hornsny, "A long way down" presenta a un cuarteto de personajes cansados de vivir, la noche de Fin de Año, sobre el tejado de un edificio de Londres. Lanzarse o no lanzarse al vacío, es la pregunta común a esos personajes -que no comparten edad, condición social ni problemas- y que pactarán "aguantar" juntos hasta San Valentín antes de decidir si dan o no el paso sin retorno.

Fidelidad absoluta a su estilo mostró Cave, de negro riguroso como el resto del equipo del documental "20.000 Days on Earth", un exhaustivo retrato del poeta y músico australiano, incluido en la sección Panorama. A Cave se lo presenta en el documental, dirigido por la pareja de cineastas formada por Jane Pollard y Ian Forsythe, como un individuo poético y a la vez irónico, muy en el papel de iconoclasta corrosivo pero a la vez tranquilo con que se identifica al músico australiano. El documental sigue a su personaje -desde que se levanta hasta que se acuesta-, mezclando esas imágenes con documentos, fotos, imágenes de archivo y algunos comentarios de invitados de lujo, como la cantante Kylie Minogue.

Agencias ANSA y EFE