- ámbito
- Edición Impresa
Un precario empate sostiene al dictador sirio Bashar al Asad
El panorama es diferente en el caso de Siria, donde una alianza de militantes izquierdistas, defensores de los derechos humanos, islamistas y jóvenes frustrados se enfrenta al brutal aparato de seguridad de la familia del presidente Bashar al Asad. Si éste cae, Israel perderá a un vecino poco querido, pero fiable.
El área de influencia de Irán, del que Al Asad era hasta el momento el principal socio, se reduciría y el movimiento de protesta iraní podría resurgir con nueva fuerza, después de sufrir represión y detenciones masivas en los últimos meses. También el movimiento radical chiita Hizbulá en Líbano, abastecido con armas por Irán y mimado por Siria, perdería sus apoyos.
Por el contrario, diplomáticos estiman que Turquía estaría en el lado de los ganadores. Tras dudas iniciales, acabó retirándole la confianza a Al Asad y se muestra ahora solidaria con los opositores. Algunos observadores consideran incluso posible que Turquía pueda ayudar a los rebeldes sirios a erigir una «zona liberada» en las áreas rurales limítrofes con su territorio.
Allí se podría formar un «ejército sirio libre», como las tropas rebeldes libias, que en febrero convirtieron Bengasi en su «capital provisional».
También los kurdos, asentados en Irak, Turquía, Siria e Irán, esperan mucho de la caída del régimen de Al Asad, que veía en la minoría kurda una especie de «quinta columna». «Kurdos y árabes - unidad nacional», se podía leer el pasado fin de semana en pancartas de los opositores que se manifestaban contra el régimen sirio.
No obstante, los kurdos suponen que Turquía trataría de evitar una alianza kurda transfronteriza. «Pero pase lo que pase, lo que está claro es que al régimen de Al Asad ya se le ha pasado la fecha de caducidad. No hay nada que arreglar», afirma un político kurdo en la ciudad iraquí de Erbil.
Entre los árabes, sobre todo las naciones del Golfo y la nueva cúpula egipcia, sea cual sea su naturaleza, podrían beneficiarse de un reordenamiento del poder en Damasco. En el lado árabe, ya casi nadie cree en la supervivencia política de Al Asad, quien desde hace meses trata de mantenerse en el poder con actos de represión y promesas de reformas.
La propuesta de la Liga Árabe, que instó al régimen sirio a un cambio de política, no es tomada realmente en serio ni por los mismos políticos que la han formulado y planteado a Damasco. Tal vez busca sólo ganar tiempo para conocer mejor a la oposición y entonces decidir por cuál de los muchos grupos de manifestantes apostar.
Para Israel, que desde 1967 ocupa los Altos del Golán en Siria, es sobre todo importante la fuerza que tengan en el futuro en Damasco los nacionalistas y los Hermanos Musulmanes. La situación podría resultar desagradable para el Estado judío, que estos días, con los ataques contra su embajada en El Cairo, observa cómo en los países árabes en los que no se contienen las protestas, pronto afloran los sentimientos antiisraelíes.
Agencia DPA


Dejá tu comentario