26 de noviembre 2014 - 00:00

Un problema sin solución (medio siglo después)

 Washington - Ferguson, una pequeña ciudad mayoritariamente negra de Misuri, se convirtió tras la muerte de Michael Brown a manos de un agente en paradigma de la desconfianza entre las minorías y la Policía en comunidades de todo Estados Unidos.

En este suburbio de Saint Louis, más de un 60% de los residentes son afroamericanos, pero sólo hay tres negros entre los 56 policías locales y uno en el Gobierno municipal, una desproporción que se repite en otras ciudades.

"En demasiados lugares de este país existe una profunda desconfianza entre las fuerzas de seguridad y las comunidades de color. Parte de esto es resultado de una historia de discriminación racial, lo que es trágico porque nadie necesita más la protección policial que las comunidades pobres con altos índices de criminalidad", diagnosticó el presidente Barack Obama tras conocer el fallo judicial.

La ola de disturbios que desató entonces la muerte del joven evocó las violentas protestas raciales de los años 60 y 90, y evidenció que el debate racial está lejos de haber sido superado en Estados Unidos.

En 1968, la comisión establecida por el entonces presidente Lyndon B. Johnson para analizar el origen de los disturbios llegó a las mismas conclusiones que deja Ferguson medio siglo después. "La Policía debe ser más diversa, evitar las actuaciones desproporcionadas y vivir e integrarse en las comunidades donde reside", era una de las recomendaciones de la Kerner Commission e idéntica a la extraída tras la muerte de Michael Brown.

"Las fuerzas del orden deben reflejar la diversidad de las comunidades a las que sirven", señaló este verano boreal el fiscal general Eric Holder.

Holder, el primer afroamericano al frente de la Justicia en EE.UU., tuvo un papel clave en la pacificación de las protestas de agosto y no dudó en pronunciarse con contundencia sobre las tensiones raciales en el país, a pesar del temor de la Casa Blanca a que cualquier declaración vehemente desde el gabinete del primer presidente negro pueda ahondar la polarización de la nación.

Obama, muy criticado por no haber visitado Ferguson en agosto, no esquivó el lunes el tema de la raza: "En las últimas décadas hemos hecho grandes progresos en las relaciones raciales, fui testigo de eso en mi propia vida, pero sigue habiendo problemas; las comunidades de color no los inventan", dijo.

El caso trajo a la memoria colectiva otros similares, como el de Trayvon Martin, un adolescente afroamericano que murió en Florida hace dos años a manos del vigilante voluntario George Zimmerman, declarado no culpable.

El último fin de semana, mientras la nación estaba pendiente del inminente fallo judicial en Ferguson, un agente de Cleveland (Ohio) mató a un niño negro de 12 años, Tamir E. Rice, al confundir su pistola de aire comprimido con una real.

"La violencia policial en los barrios urbanos pobres donde viven las minorías es casi omnipresente, pero los disturbios son inusuales. Sólo explotan cuando el resto de las vías para buscar justicia están bloqueadas, cuando los residentes se sienten impotentes", explica Cathy Lisa Schneider, autora del libro "Poder policial y disturbios raciales: inquietud urbana en París y Nueva York" y profesora de la American University en Washington .

Esa frustración es la que llevó ayer a miles de personas en Ferguson y otras ciudades de todo el país a salir a la calle, con la impotencia de saber que tras la decisión del jurado el caso queda cerrado por esa vía.

Agencia EFE

Dejá tu comentario