Un raro Offenbach llegó a la escena

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 Con dos funciones (la primera fue anoche, la próxima el domingo a las 17) en el Auditorio de la Fundación Beethoven (avenida Santa Fe 1452), la compañía Offenbach and Friends, creada y liderada por la soprano Anahí Scharovski y el pianista, compositor y director Fernando Albinarrate, presenta "Tromb Al-Ca-Zar o la troupe de Criminales", con música de Jacques Offenbach, con la participación de Scharovsky junto a Matías Tomasetto, Gabriel Vacas y Mariano Pauplys. La puesta es de Fabio Roppi y la dirección musical de Albinarrate. Dialogamos con Scharovski y Albinarrate, radicados en Francia durante varios años y de regreso en la Argentina:

Periodista: ¿De qué manera surgió en ustedes el interés por la obra de Offenbach?

Anahí Scharovski:
La opereta apareció en mi vida cuando me fui a Viena a estudiar y siguió en Frankfurt, donde hice Mozart pero siempre algo de opereta también. Las circunstancias de la vida nos llevaron, para estar juntos, a Francia, con una beca. Ahí volvió la opereta a mi vida por el lado de Offenbach, y a la vida de Fernando por el lado de la orquesta. Hace dos años volvimos y surgió la idea de hacer un Atelier Offenbach para transmitir nuestra experiencia en este terreno.

Fernando Albinarrate: No hay acá una cultura de la opereta. El género decayó mucho después de la Primera y Segunda Guerra Mundial, cuando Europa ya no se pudo reír más. Muchos autores de opereta emigraron a Estados Unidos en los años 30 y terminaron siendo músicos de películas o compositores de comedias musicales.

P.: Que pasó al teatro de revistas...

F.A.:
Exactamente. Y operetas como "La hostería del Caballo Blanco" o "El cantor de México" son simpáticas pero no tienen la estatura de Offenbach. La forma de hacer opereta en Francia se abarató mucho. La tradición se retoma con Marc Minkowski y un gran puestista, Laurent Pelly, que hizo versiones extraordinarias de "Orfeo en los infiernos", "La belle Hélène" y "La grande duchesse de Gérolstein" La opereta tiene una mirada crítica que también se ríe de sí misma.

A.S.: En "Tromb Al-Ca-Zar" se entiende que son artistas de medio pelo, pero hay ternura en su intento de hacer las cosas y de que pase algo, hay mucho amor en eso.

F.A.: Offenbach recurre a este juego de onomatopeyas y aliteraciones que instauró Rossini. La mirada es de ternura pero también de simpatía, como en una película de los hermanos Marx. Groucho era un gran admirador de Gilbert y Sullivan, los creadores de la opereta en Inglaterra, y en el humor de los Hermanos Marx hay mucho de esa tradición.

A.S.: Nosotros tuvimos la suerte de participar, de ambos lados, de la renovación del género. La opereta volvió a tener su esplendor, y se le dio una modernidad en el sentido de actualizar los textos y las puestas.

P.: ¿Qué motivó la elección de este título?

A.S.:
Busqué los que hubiera hecho Hortense Schneider, la cantante favorita de Offenbach, y con este título ella se hizo famosa. No tiene el erotismo de otros títulos: se ríe en definitiva del género y de los cantantes de ópera.

Entrevista de Margarita Pollini

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