7 de julio 2016 - 00:00

Un saldo lamentable

Un saldo lamentable
La invasión a Irak y el posterior vacío de poder derivaron, desde 2003, en la muerte de entre 160.000 y 1,5 millón de civiles, según distintas estimaciones.

Semejante dispersión es reveladora del caos en que cayó ese país.

En tanto, fallecieron 4.488 soldados estadounidenses y 179 británicos.

Sadam Husein fue un dictador atroz, pero su caída provocó un vacío de poder que explica el permanente peligro de fragmentación de Irak.

Hoy ese país, de población con leve mayoría chiita, está sometido a una fuerte influencia iraní.

Asimismo, la invasión hizo posible el ingreso de Al Qaeda y de su sucesor, el Estado Islámico, que llegó a controlar gran parte del territorio.

El terrorismo de cuño yihadista sunita es hoy una realidad fuertemente arraigada.