23 de noviembre 2012 - 00:00

Un sindicato ideal para Macri

"Muchachos, les estamos tendiendo un puente de plata. Sepan aprovecharlo". Las palabras correspondían a un recién asumido Néstor Kirchner, quien, a fines de 2003 y con apenas seis meses en la Casa Rosada, se disponía a facilitar las primeras conquistas a los "metrodelegados" del subte: la declaración de insalubridad de la actividad y la consecuente rebaja de dos horas en la jornada laboral. Nueve años después, los dirigentes preparan su gran salto en la política sindical. Entre enero y febrero irán a una compulsa con la Unión Tranviarios Automotor (UTA) para determinar si esa organización o la Asociación Gremial de Trabajadores del Subte y del Premetro (AGTSYP) es la más representativa entre el personal de la actividad.

Un sindicato ideal para Macri
Se trata de una pulseada con resultado cantado. La gran mayoría de los trabajadores del subterráneo responden a los delegadosRoberto PianelliNéstor Segovia, líderes del nuevo gremio. Y si bien será una puja entre viejo y nuevo sindicalismo, se librará en el terreno de la ley de asociaciones sindicales vigente, que consagra el monopolio de representación que ejerce, en última instancia, la CGT, a pesar de los fallos en contrario de la Corte Suprema y de las reiteradas observaciones de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

"El subte es mío", repite desde hace años a quien quiera escucharloRoberto "Narigón" Fernández, el jefe de la Unión Tranviarios Automotor (UTA) y sucesor del fallecidoJuan Manuel "Bocha" Palacios. El postulado, sin embargo, no pudo ser sostenido ni siquiera a fuerza de las patotas que en su nombre recorrieron los pasillos del subte, intentos de quita de fueros para los "metrodelegados" y el respaldo de la burocracia sindical de los dirigentes históricos de la CGT.

El crecimiento de los delegados de base se produjo por necesidades coyunturales, tanto políticas como de gestión deNéstor Kirchner. Recién llegado al poder, y con el servicio de transporte de entonces, un millón de pasajeros al día bajo su órbita, el mandatario no podía permitirse más huelgas constantes, acrecentadas por la disputa intrasindical que mantenían "los metro" con la UTA. Y en particular, en septiembre de 2003, debía impedir una nueva protesta bajo tierra cuando su candidato a ser electo como jefe de Gobierno porteño,Aníbal Ibarra, jugaba sus últimas fichas ante un ascendenteMauricio Macri.

El "puente de plata" que tendió entonces Kirchner no apuntaba a la renovación del sindicalismo, sino a acallar un conflicto que lo salpicaba constantemente.efecto colateral, y siempre en la línea del "toma todo", el entonces mandatario se cobraba una pequeña revancha con el "Bocha" Palacios, que meses antes había apoyado la candidatura presidencial deAdolfo Rodríguez Saá.

Nueve años pasaron desde entonces. En el medio, la UTA intentó en complicidad con la concesionaria Metrovías recuperar por varios métodos el control de los trabajadores del subte. En uno de los paros se encontraron cara a cara los militantes de ambas organizaciones. Separados por un débil cordón de policías y pasados los primeros minutos de insultos, desde uno de los bandos comenzaron a entonar la marcha peronista.El otro sector se plegó de inmediato.

El nuevo sindicalismo, que verá nacer a uno de sus principales retoños a principios del año que viene, no será producto de un cambio de paradigma alentado desde el poder político. Surgirá al calor de la circunstancial cercanía de los "metrodelegados" con sectores del oficialismo. Y será un regalo especial para quien desde 2013 será el mandamás del subterráneo:Mauricio Macri.

@marianoemartin

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