17 de abril 2017 - 00:00

Un “sultán” obsesionado con el control

Estambul - El infatigable Recep Tayyip Erdogan, adulado por la mitad de Turquía y odiado por la otra, lanzó todas sus fuerzas en la batalla de la campaña por el "sí", enardeciendo a las masas en decenas de mítines celebrados en todo el país. Con la revisión constitucional, el "reis" (jefe) buscó recibir poderes de los que no gozó ningún dirigente turco desde el fundador de la República, Mustafá Kemal Atatürk.

A sus 63 años, Erdogan vivió uno de los años más turbulentos de su larga carrera política, con un golpe de Estado fallido, una degradación de las relaciones con Europa y una ola de atentados.

Durante la campaña, volvió a mostrar su cualidad de gran orador, que contribuyó a su éxito político, con discursos salpicados de poesía nacionalista y pasajes del Corán.

Aunque en Occidente se lo suele describir como un sultán inamovible, Erdogan es, ante todo, un temible animal político que ganó todas las elecciones (una decena) desde la llegada al poder de su formación, el Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP, islamoconservador), en 2002. Y su reputación de hombre duro aumentó desde el intento de golpe de Estado del 15 de julio de 2016.

Su imagen pidiendo ayuda al pueblo a través de la pantalla de un smartphone, dejó una huella entre los turcos. Al igual que su llegada triunfal al principal aeropuerto de Estambul en la madrugada del día 16, evidenciando la derrota de los golpistas.

Sus gigantescos proyectos de infraestructuras transformaron el aspecto de Turquía, sobre todo en Estambul, donde hizo construir un tercer puente sobre el Bósforo.

Erdogan sigue siendo para sus partidarios el hombre del milagro económico y de las reformas que liberaron a la mayoría religiosa y conservadora del país de la dominación de la élite laica. Pero, desde las grandes manifestaciones antigubernamentales de la primavera boreal de 2013, duramente reprimidas, también se convirtió en las figuras más criticadas de Turquía, acusado a menudo de imponer su visión autoritaria e islamista.

En el marco del estado de emergencia decretado tras el fallido golpe de Estado, las autoridades multiplicaron las detenciones de opositores prokurdos y de periodistas críticos acusados de "terrorismo".

Agencia AFP

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