11 de febrero 2009 - 00:00

Un triunfo construido en 3 meses de vértigo

Un triunfo construido en 3 meses de vértigo
Jerusalén - Tzipi Livni, la candidata del partido de centroderecha Kadima, superó con éxito la prueba de fuego de su carrera política y quitó la razón a las encuestas para convertirse -a priori- en la próxima jefa de Gobierno de Israel.
De 50 años y ministra de Exteriores, Livni forzó la celebración de los comicios de ayer cuando en octubre -al renunciar el actual primer ministro, Ehud Olmert, por sospechas de corrupción- claudicó en el intento de armar una nueva coalición parlamentaria sin recurrir a las urnas.
Un mes antes se había hecho con el liderazgo de Kadima por la exigua diferencia de 431 votos sobre el otro candidato, Shaul Mofaz.
Y es que Israel acudió a las urnas de forma anticipada porque Livni no cedió a las demandas económicas del partido ultraortodoxo Shas, ahora aliado de su más directo rival y líder del conservador Likud, Benjamin Netanyahu, a quien los sondeos situaban como favorito.
«Estoy harta de extorsiones. Veremos a todos estos héroes dentro de 90 días», dijo Livni al rechazar las exigencias del Shas.
La decisión de ir a elecciones la tomó Livni en el impulso de encuestas que le daban entonces la victoria frente al Likud y en un gesto de compromiso indeleble con la imagen de «política intachable» que tanto defiende.
Si logra formar una coalición de Gobierno, Livni tendrá que probar ahora su cuestionada capacidad para gobernar en un mundo de hombres y militares, afrontar la crisis económica global y conducir el proceso de paz con los palestinos.
Pragmática
Esta mujer, abogada y madre de dos hijos, es una pragmática que readaptó sus raíces nacionalistas en pro de una paz factible con los palestinos, siguiendo los pasos del ex primer ministro Ariel Sharon al Kadima, en el dramático cisma del Likud tras la evacuación de Gaza en 2005.
Hija de Eitán Livni -un comandante del Irgún, grupo independentista que practicó la lucha armada y en el que también militaba su madre-, la jefa de la diplomacia israelí nació y creció en el seno de una familia impregnada de ideología ultranacionalista del «Gran Israel».
Hoy, de boca de Livni no es extraño escuchar palabras como «retirada de Judea y Samaria (Cisjordania)», ni la devolución de partes de Jerusalén, una ciudad que ella considera, no obstante, el «corazón» de la identidad del pueblo judío.
Detractores
Sus rivales le recuerdan en la campaña la «traición de vender Jerusalén», pero está claro que lejos ha quedado aquella niña de Tel Aviv curtida en las filas del Likud, partido con el que entró al Parlamento por primera vez en 1999.
Frente a sus detractores, ella argumenta que es momento de elegir «qué Estado queremos, uno de mayoría judía o uno binacional» con los palestinos, y defiende que «la paz es nuestro interés» porque «no hay que elegir entre paz y seguridad, hay que elegir las dos».
Si en un principio Livni sacó a relucir su pasado como «agente» del Mossad -que esta organización minimizó al confirmar que sólo cumplió funciones logísticas muy básicas-, ahora traza un paralelismo con la histórica «dama de hierro» de Israel, la ex primer ministra Golda Meir.
Para ello se ha fotografiado públicamente en la cocina de su casa, el mismo lugar donde Meir tomaba las decisiones cruciales de su Gobierno -incluidas las relacionadas con la seguridad de Israel- los sábados por la noche, en debate con sus asesores y ministros más cercanos y horas antes de la reunión semanal del Gobierno.
Agencia EFE

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