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Una batalla campal en la que perdieron todos
Acostumbrado a ganar dos elecciones en línea desde que los militares golpistas abandonaron el poder en 1982, hasta ahora la dirigencia siempre se las había arreglado para que, las permanentes fisuras entre el centroizquierda y derecha, no estremecieran sus cimientos en las bases.
Las bases no perdonaron que Santos y Micheletti «se aliaran con los golpistas porque el PL nunca ha sido golpista», aseguró un analista y miembro de esa agrupación política, la principal de Honduras, que pidió no ser identificado.
Los liberales ganaron las elecciones de 1981, con Roberto Suazo Córdova, y 1985, con José Azcona. Perdieron en 1989 ante el candidato del Partido Nacional (PN, también derecha), Rafael Callejas.
Pero volvieron a ganar en 1993, con Carlos Roberto Reina, y en 1997, con Carlos Flores. Ricardo Maduro (PN) les llevó a la oposición, pero volvieron a regresar al poder en 2005 con Zelaya.
En las elecciones del domingo, sin embargo, las ondas expansivas del conflicto triangular de Santos con Micheletti y de ambos con Zelaya terminaron por alcanzar a los electores que dieron la espalda a su candidato.
Heridas restañadas
Primero el mandatario de facto se enfrentó a Santos en las primarias, en una batalla sin cuartel dejando heridas profundas entre ambos que con la crisis política que se inició hace cinco meses parecen haberse restañado.
«En las primarias la gente no fue a votar por Elvin, sino contra Micheletti y éste terminó siendo el presidente del Consejo Central Ejecutivo (el órgano central del PL) y eso no se lo perdonaron a Elvin», expresó el analista.
En los nombramientos de la directiva del Consejo, Santos nombró a Micheletti como presidente.
Luego «Micheletti y Elvin se aliaron en el golpe de Estado y no lo pudieron perdonar los liberales que, por el contrario, se fueron a fortalecer el Frente de Resistencia» que en las calles exigió la restitución de Zelaya, añadió.
Con ese panorama «el Partido Liberal está en una situación difícil con una gran masa sumada en la Resistencia y Elvin sepultado» y sin aspiraciones de ser presidente en el futuro, estimó.
Micheletti asumió la presidencia el 28 de junio, cuando Zelaya fue sacado del poder por los militares en alianza con otros poderes y los sectores más influyentes que lo acusaron de intentar quedarse en el poder para implantar el «socialismo del siglo XXI» del presidente de Venezuela, Hugo Chávez.
«La verdad es que Micheletti nunca apoyó a Elvin, al contrario, cuando llegó al poder se puso a despedir liberales y eso terminó de agravar la situación del partido», aseveró otra dirigente del PL.
Para el analista Eduardo Bahr, la crisis del PL «es momentánea, por lo que no va a desaparecer (el partido), ya encontrará la manera de superarse».
Las facciones tradicionales hondureños «son un partido bicéfalo con base oligárquica común», agregó.
En más de cien años, compartiendo el poder con el PN y los militares golpistas, el PL llevó la mayoría de las transformaciones de Honduras, el código laboral y la seguridad social que reivindicaron los derechos de los trabajadores.
Pero entre 1982 y 1989 los gobiernos del PL se vieron involucrados en las violaciones a los derechos humanos con 184 desapariciones forzadas en el marco de la guerra fría en la aplicación de la Doctrina de la Seguridad Nacional de Estados Unidos que acabaron con la administración del PN de Callejas.
Agencia AFP


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