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Una carrera meteórica y turbulenta
Con sólo dos CDs grabados, Amy Winehouse había llegado al Olimpo de las estrellas del pop/rock. La Argentina nunca la vio en vivo.
Amy Winehouse había nacido en Londres el 14 de setiembre de 1983; y fue en la misma ciudad que murió el sábado, sola en su casa del barrio de Camden. Grabó dos discos: «Frank» en 2003 y «Back to Black» en 2007. Este último fue el que la lanzó al estrellato y con el que hizo ganar montones de premios de una industria -entre ellos, cinco Grammy- que descubrió en ella el fuerte potencial en momentos en que el negocio del disco necesita de este tipo de figuras.
Tuvo sus comienzos con la música siendo niña pero también estudió teatro, armó su primera banda de rap a los 10 años, apenas adolescente empezó a recorrer con su guitarra los pubs londinenses, y a los 16 años firmó su primer contrato con el sello Island/Universal. En notas periodísticas se solía hablar de su registro de contralto, de su influencia jazzística -se decía muchas veces que era una blanca que cantaba como una negra-, de su expresividad.
Se la asoció, con lógica, con el soul, el rythm & blues, el rock & roll, el ska, el pop, y el jazz. Y es dado pensar que de no haber sido por sus problemas personales -eran recurrentes, por ejemplo, sus problemas de memoria sobre el escenario-, el desarrollo de su vida artística habría sido diferente y hasta con un reconocimiento y un prestigio -más allá de los números- que nunca terminó de llegarle. Con algo más de vida, por ejemplo, seguramente el público argentino hubiera tenido en algún momento la oportunidad de escucharla en vivo. Se fue cuando tenía todavía mucho para dar. Una pena.


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