9 de junio 2014 - 00:00

Una faceta poco conocida de un gran artista: Cruz-Diez

Detalle de la Estatua de la Libertad, en la mirada fotográfica del artista cinético venezolano Carlos Cruz-Diez.
Detalle de la Estatua de la Libertad, en la mirada fotográfica del artista cinético venezolano Carlos Cruz-Diez.
Cuando se menciona el nombre de Carlos Cruz-Diez (Venezuela, 1923) se piensa en el Movimiento Cinético, punto de partida para sus propuestas teóricas acerca del color. Su primera retrospectiva en nuestro país se realizó entre septiembre 2011 y marzo 2012 en el MALBA con motivo de su 10° aniversario. Gracias a sus investigaciones, entre ellas Fisiocromías, Color Aditivo, Inducción Cromática, Ambiente Cromointerferente, el espectador se siente atrapado y envuelto por la experiencia vital y la atmósfera cromática que ha permitido modificar la noción sobre la percepción del color en el arte.

Actualmente se tiene la oportunidad de ver en las salas del MACBA, una faceta desconocida de este artista que vive y trabaja en París desde 1960 y que, entre otras distinciones, recibió en 2012 la Orden de la Legión de Honor otorgada por el Gobierno de Francia.

"Cruz-Diez en blanco y negro- Fotografías 1942-1986" está compuesta de 50 fotografías cuya selección estuvo a cargo del artista y del curador Edgar Cherubini Lecuna, quien sostiene que esta muestra representa "un nuevo punto de vista sobre la poética visual del artista". Entre las obras expuestas están aquellas destinadas a celebraciones populares, viajes por Europa y Estados Unidos, retratos de artistas latinoamericanos y extranjeros en París.

Su fascinación por la fotografía comienza en su infancia cuando uno de sus amigos del barrio lo lleva a la plaza del mercado de Caracas donde su padre era "fotógrafo minutero". Fabricó su primera cámara, conserva aún algunas fotos de ese entonces y confiesa que nunca le ha faltado un laboratorio de fotografía tanto en su casa como en su taller. Recién en los años 40 pudo comprar una Rolleiflex con un lente Schneider que le sirvió para trabajar como fotógrafo y diseñador publicitario durante sus primeros años en París.

A raíz de su formación académica aprendió a analizar la interrelación de los objetos en el espacio. Por eso cuando está detrás del visor de la cámara relaciona las proporciones entre verticales, horizontales y diagonales para su encuadre y conferir interés espacial y rítmico a lo que fotografía. Entre las consideraciones del artista sobre esta disciplina, está el hecho que permite registrar un testimonio del instante vivido y se convierte en un "certificado de veracidad". Con la incorporación de la fotografía digital y la posibilidad de manipular la imagen, "la veracidad" tiende a desaparecer para dar lugar a un insospechado mundo de imágenes.

El curador, cuando observaba las imágenes de los 40 y 60, las relaciona con el interés de Cruz-Diez por la situación de pobreza y exclusión así como también por las manifestaciones folklóricas del sincretismo criollo. Cruz-Diez estaba entonces convencido de que podía transmitir este mensaje a través de la pintura.

Durante más de 50 años mantuvo ocultas sus obras figurativas y sus fotos pensando que si las exhibía habrían opacado su discurso sobre la noción del color pero actualmente confiesa que son parte de su trayectoria, de sus búsquedas.

Otra confesión: su cambio de rumbo en la pintura se debe a que constata la ineficacia de un discurso romántico incapaz de modificar situaciones al denunciar la marginalidad y la pobreza. Cruz-Diez trabajó durante muchos años en el periodismo, la ilustración y la publicidad y, en ese entonces, la fotografía era un apoyo para la nota periodística.

Por el contrario, la fotografía hoy ha alcanzado status museístico y se ha popularizado gracias a los progresos tecnológicos.

En el diálogo que mantiene con su curador quien gentilmente nos lo envía, éste se refiere a una frase de Susan Sontag: "la única realidad irrefutable es cómo aparece la gente". Lo que confirma que hasta los aficionados cuando tomamos cientos de fotos intentamos reflejar un instante, un gesto o una expresión y lo que importa es su valor testimonial. "Constantemente pienso en las cosas que no he realizado o que no he expresado, esto me motiva a seguir buscando, reflexionando y trabajando. Siempre hay algo que uno cree no haber dicho", ha dicho el artista que cumplió 91 años. Clausura el 13 de julio. (MACBA: Av. San Juan 328. Lunes a viernes de 12 a 19, sáb. y dom. de 11 a 19.30).

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