26 de agosto 2009 - 00:00

Una Hedda Gabler del siglo XXI

Silvina Sabater (en la foto junto a Marcelo Subiotto y Elvira Onetto) es la moderna Hedda Gabler de la versión que Veronese tituló «Todos los grandes gobiernos han evitado el teatro íntimo».
Silvina Sabater (en la foto junto a Marcelo Subiotto y Elvira Onetto) es la moderna Hedda Gabler de la versión que Veronese tituló «Todos los grandes gobiernos han evitado el teatro íntimo».
«Todos los grandes gobiernos han evitado el teatro íntimo» (Versión de Hedda Gabler de H.Ibsen) Libro y Dir.: D.Veronese. Int.: C.Da Passano, S. Sabater, E. Onetto, F. Llosa y M.Subiotto. (El camarín de las musas).

Hoy sería definida como una persona «tóxica», pero en el escenario Hedda Gabler sigue siendo un enigma. Contrariamente a Nora, la heroína de «Casa de muñecas» que logra poner en acto su deseo de libertad, la hija del capitán Gabler se aferra a una furia paralizante. El mundo no está hecho a su medida y los ideales con los que sueña son tan elevados y riesgosos que sólo atina a destruir todo aquello que prospera (o que amenaza con poner en evidencia su propia falta de entidad).

¿Qué puede esperarse de una mujer que juega, ociosa, con las pistolas de su difunto padre, desprecia las ambiciones intelectuales de su esposo y quema con deleite la obra maestra de su ex amante para luego inducirlo al suicidio por considerarlo el más sublime de los actos?

El personaje es una amenaza hasta para la propia pieza de Ibsen, dado que su conducta transgresora y egocéntrica suele acaparar toda la atención en desmedro de otros temas y conflictos que subyacen en el texto (ella «es» el espectáculo, lo demás es secundario). No por nada siempre se habló de las actrices que interpretaron este papel (Ingrid Bergman, Glenda Jackson, Isabelle Huppert y Cate Blanchett, entre otras) y muy poco de las puestas pertinentes.

El director Daniel Veronese revirtió esta situación al distribuir el peso dramático de la obra -casi por igual- entre sus principales personajes, suprimiendo los roles secundarios. Hedda ya no es la única amoral; ahora todos se mueven por impulsos, intrigan para alcanzar sus objetivos y seducen y manipulan sin ningún recato.

Quien pretenda encontrar aquí al Ibsen de la tradición, tal vez se sienta desconcertado. Sobre todo, ante las muchas humoradas que abundan en esta versión (Hedda y su marido viven en un teatro e ironizan permanentemente sobre el uso de la escenografía; Lovborg pierde su manuscrito en un antro de travestis).

Al igual que en sus otras adaptaciones («Tres hermanas» y «Tío Vania» de Chejov; «Casa de muñecas» de Ibsen) Veronese cortó y condensó el texto dramático sin traicionarlo. La reescritura de algunos diálogos y escenas le permitió abrir el juego a otros temas que lo obsesionan, como por ejemplo, la vigencia, validez y limitaciones de la actividad teatral.

Silvina Sabater interpreta a una Hedda acorde a estos tiempos, ni demasiado fría ni demasiado sensual, alguien que sabe guardar las apariencias mientras boicotea a todo el mundo.

Lo mismo sucede con el resto del elenco: Claudio Da Passano en el rol de marido; Elvira Onetto, como la patética ex compañera de colegio que termina torciéndole el brazo a Hedda; Fernando Llosa (el simpatiquísimo asesor Brack) y Marcelo Subiotto, un Lovborg irascible, con el apetito y la violencia de un animal en celo. Todos ellos discurren con soltura entre el drama y el dislate.

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