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Una herencia dispersa y en crisis
En octubre pasado, al cumplirse 25 años de su victoria, Raúl Alfonsín fue homenajeado en Casa Rosada donde se colocó su busto.
Fue, sin embargo, su primera debilidad. Un paso accidentado de Alejandro Armendáriz como gobernador, cuando comenzaba la debacle del proceso radical que floreció en el 83, aceleró la vulnerabilidad cuando, en el 87, Casella perdió con Antonio Cafiero la gobernación.
Así y todo, durante las últimas dos décadas, la UCR bonaerense fue sinómino de alfonsinismo. Todos los diseños, aun los críticos, tenían como guía o espejo al ex presidente que tuvo como última escala política el cargo de delegado de la provincial al Comité Nacional.
Antes, como recurso desesperado, como salvación fallida, se animó a volver a la competencia en 2001 como senador contra Eduardo Duhalde.
Su último aporte, pocos días atrás, fue pedir un acercamiento entre las diferentes expresiones del radicalismo. Un mensaje para Elisa Carrió y Julio Cobos, alejados del partido, aunque el mendocino estaba a pocas horas de firmar su regreso. No pudo verlo.
Es más: en estas horas, su cuna política se retuerce en una disputa entre cuatro actores mientras, fuera de la UCR, se mueven otros dirigentes, encabezados por Stolbizer -que ayer suspendió un acto en La Plata- como parte de la Coalición Cívica (CC).
Esa dispersión, todo un estigma, acompañó la época final de Alfonsín que apenas pudo detectar algunos indicios, intenciones tenues y apagadas, de la búsqueda de una recomposición que devuelva a la UCR el brillo y la potencia de tiempos mejores, pero lejanos.
¿Detrás del luto brotará, como legado, un renacer? Las crisis escalonadas, las disputas inagotables, los personalismos siempre vigentes opacan esa perspectiva.


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