15 de marzo 2017 - 22:49

Una mirada distinta sobre el expatriado

Diálogo con Fabián Martínez Siccardi. Su novela “Perdidas en la noche” relata el angustioso itinerario de dos reencuentros familiares.

Martínez Siccardi. “Los escritores avanzamos como en un auto, por un campo, en medio de la noche”.
Martínez Siccardi. “Los escritores avanzamos como en un auto, por un campo, en medio de la noche”.
Una estadounidense que busca a su hija, joven artista desaparecida en Buenos Aires. Un traductor porteño golpeado por un pasado trágico; un crimen, ocurrido en Estados Unidos, que destrozó la relación con su hija. El mundo de los extranjeros expatriados en la Argentina, y el de la tribu de los practicantes del arte urbano, son parte de la trama de "Perdidas en la noche", novela de Fabián Martínez Siccardi, que publicó Tusquets. Martínez Siccardi, nacido en Río Gallegos, Santa Cruz, residió en Estados Unidos y España y ha publicado "Patagonia iluminada", la premiada "Bestias afuera", y un conjunto de relatos. Dialogamos con él:

Periodista: ¿Su novela parte de la dificultad que representa el reencuentro entre padres e hijos?

Fabián Martínez Siccardi: No surge necesariamente de los conflictos de la maternidad y de la paternidad, si bien ese tema aparece en la novela, sino de la exploración de mundos sumergidos de Buenos Aires, en lo que tiene que ver con los extranjeros, y sobre todo los expatriados, los "extranjeros con tarjeta de crédito" como se les llama a los que vienen de países del Norte, y ellos con el arte urbano. Ahí comenzó a generarse un cruce donde aparecen los personajes principales; la estadounidense Rose, la mujer que ha venido a buscar a Willow, su hija que ha desaparecido, y Luciano Capra, un intérprete que ha vivido en Estados Unidos, que es un alter ego mío. Es a través de ellos que empiezan a jugarse los temas de la maternidad y de la paternidad. Uno puede leer mucho sobre hijos buscando a sus padres, pero qué pasa cuando esa búsqueda la hacen los padres, la búsqueda es distinta. Los padres están tratando de descifrar a su hija, de entenderla, de aceptar la separación, de comprender las diferencias. Willow, la hija desaparecida, impone una búsqueda, un misterio que hay que resolver, y en la otra chica hay un hecho de sangre que empuja a otro enigma, a otra investigación, eso llevaba a la novela policial y a la vez a subvertirla. El tema filial no fue el disparador de la novela sino que se fue colando a medida que fui escribiendo.

P.: Rose busca a Willow, Luciano entender a Annabelle. Las dos chicas salen de situaciones traumáticas, ¿planeó esas vidas en espejo?

F.M.S.: A veces a los escritores avanzamos como con un auto en medio de la noche por un campo que se va conociendo, se va con la luces encendidas, se ve lo que está adelante a medida que se avanza, hasta el momento en que amanece y todo se ilumina. Ahí fue que me dije: estas chicas son absolutamente especulares, opuestas pero complementarias. Es como si una le hablase a la otra. Se trata, metafóricamente, del tema de la luz y la oscuridad. Una chica se está por quedar ciega, y está tratando de ver cómo puede pelearle a esa oscuridad que la acecha, y la otra que viene de una situación muy oscura de su infancia, y está yendo hacia atrás, hacia esa oscuridad, para desentrañarla, entender un hecho terrible del que no sabe cómo escapó con vida, y tiene el valor suficiente como para tratar de develarlo. Son especulares, una hacia el futuro, la otra hacia el pasado. De distinta manera las dos se tiran a una pileta de oscuridad para encontrar luz. Saben que, como mariposas nocturnas, el acercarse a la luz es peligrosísimo pero no lo pueden evitar. Una chica está por dejar de ver, la otra por empezar a ver, y ambas metas son iluminadoras y dolorosas.

P.: Están "Perdidas en la noche", título que recuerda al que llevó entre nosotros una película de Schlesinger con Dustin Hoffman y Jon Voight.

F.M.S.: Me gustó jugar con eso. Si bien la traducción al español cambia completamente el original "Midnight cobwoy", es correcta porque señala a dos tipos que están perdidos en la oscuridad, cómo Willow y Annabelle están perdidas en la noche.

P.: Tema de su novela, el arte urbano, de los grafiteros, viene siendo trabajado por algunos escritores, como Pérez-Reverte en "El francotirador paciente".

F.M.S.: Leí esa novela después de haber terminado "Perdidas en la noche". Tratamos lo mismo desde ángulos diferentes. El de él es un thriller que tiene que ver con lo clandestino, lo mío busca observar el arte urbano en todas sus facetas, el vandálico, el político y el artístico, lo que lleva a una meditación sobre qué es arte público, y qué relación tiene en cada uno de los artistas que lo están haciendo. Está el que tiene una necesidad de expresarse muy egoísta, egocéntrica, y que como un perro que mea busca marcar su territorio, decir esto es mío. Están los ninjas, los que se arriesgan, los que, por ejemplo, se metieron a pintar los trenes, que son muy cuestionados. Me entreviste con ellos, que se mantienen en el anonimato porque sus actos son vandálicos, y me dijeron: nos metemos donde hay un problema, como el transporte público, y llamamos la atención. Después están los que practican el muralismo. Un muralismo efímero, expuesto a la intemperie, que no se puede llevar a un museo pero que ofrece cosas bellísimas. Muchos de los personajes de la novela son personas reales, artistas que se pueden encontrar en Google o Facebook. Mientras en ciudades como San Francisco es imposible pintar un mural, acá es fácil encontrar una pared para hacerlo. Eso no sólo atrae a artistas argentinos sino a gente de afuera, que ha venido a trabajar. Entre esos expatriados, solo en la comunidad estadounidense de los que están instalados, hay en Buenos Aires más de treinta mil, y sesenta mil en el país. Se ha producido un cruce muy interesante entre el arte urbano y los extranjeros, tanto de artistas como de turistas que hacen tours para ver el arte urbano de Buenos Aires.

P.: ¿Y ahora en que está?

F.M.S.: En volver a la Patagonia de "Bestia afuera", con una trilogía sobre la meseta central de Santa Cruz donde mis abuelos tenían una estancia junto al lago Cardiel. Los libros van a girar sobre los tehuelches, los empleados rurales de la estancia de mis abuelos con los que yo pasé mi infancia, y sobre mi familia. Sería como una saga, pero no va a tener el carácter cronológico.

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