2 de abril 2009 - 01:26

Una multitud en la calle para sumarse al adiós

Miles de personas aguardaron por horas ayer para ingresar al Salón Azul del Congreso, en el centro porteño, donde se realizó el velatorio de Raúl Alfonsín. La bandera izada a media asta, dio cuenta del duelo nacional.
Miles de personas aguardaron por horas ayer para ingresar al Salón Azul del Congreso, en el centro porteño, donde se realizó el velatorio de Raúl Alfonsín. La bandera izada a media asta, dio cuenta del duelo nacional.
Con la bandera a media asta y las luces de la cúpula encendidas permaneció ayer el edificio del Congreso, donde sin protocolos, pero agregando honores a la despedida de Raúl Alfonsín, miles de personas acudieron ayer espontáneamente para dar su adiós.
Anoche seguía esa vigilia, que se prolongará hasta hoy a la mañana, que es hasta cuando se velarán los restos del ex presidente Los primeros en llegar al Congreso fueron los jóvenes del radicalismo, ayer a la mañana, ni bien a las 10 se abrió el espacio al público, pero durante la jornada fueron desapareciendo los símbolos militantes, y la calle se colmó de ciudadanos sin pancartas.
Las banderas radicales, rojas y blancas, oficiaron de escenografía en la Plaza del Congreso, frente al Parlamento, mientras una silenciosa y larga fila de personas, aguardaba por horas en la calle para poder ingresar al Salón Azul. Sorprendió la paciencia, también el orden y el silencio, interrumpido apenas por aplausos de tanto en tanto. Una fila de reencuentros, en algunos casos, donde se recordaban fundamentalmente pasajes del Gobierno de Alfonsín, en el 83, para amenizar la espera.
En esa espera coincidieron familias, parejas, simpatizantes y militantes, que atemperaban la vigilia con cánticos que terminaban todos vivando «Alfonsín, Alfonsín». Muchos jóvenes, algunos adolescentes, se sumaron a la espera, quienes seguramente sólo recuerdan del relato familiar o la historia escolar el pasaje de Alfonsín por la presidencia de la Nación.
Estimación
La gente comenzó ayer a ocupar la avenida Callao hasta el vallado, que rodeó todo el edificio del Congreso. La fila ocupaba Callao desde la avenida Rivadavia hacia el Norte, hasta -paradoja- Juan Domingo Perón. En esas dos cuadras se formó una cola que luego daba la vuelta nuevamente de Perón hacia Rivadavia y así en espiral, por momento con seis vueltas. Por eso el cálculo de asistentes resultaba inexacto y se llegó a estimar que abarcaría hasta tres kilómetros.
A esa multitud se agregaba al caer la tarde, la llegada de micros con adherentes del interior de la provincia, en una movilización, que el centro porteño hace tiempo no recordaba, al punto que el Congreso, que había abierto para dar paso al público a las 10 de la mañana con la intención de ofrecer ese paso hasta la noche, decidió finalmente sólo cerrar una hora a medianoche para acondicionar el salón y permitir también, algo de silencio para los familiares de Alfonsín.
La tarde soleada apaciguó la espera, de hasta seis horas, para poder acercarse al féretro, previa caminata por la explanada del Congreso, donde se habían depositado cientos de coronas. A cambio, entre el público hubo quienes llevaron claveles blancos y rojos y otros que compraron banderas, siempre en oferta cuando en las calles se juntan manifestantes.
«Somos el juicio a las juntas», escribió la Juventud Radical en una bandera negra que en la plaza miraba hacia el Congreso, junto con otras de seccionales de comités y referentes del radicalismo. «Sos nuestra bandera. Los hijos de la democracia», rezaba otra pancarta, mientras a paso lento la cola se desplazaba para subir por la entrada de automóviles del Palacio del Congreso, dar la vuelta delante del féretro y bajar nuevamente por la escalinata principal. De allí, seguía una caminata de al menos dos cuadras, donde ya el vallado permitía la circulación de vehículos para trasladarse.
Las visitas estarán permitidas hasta hoy a la mañana, cuando se realicen los actos de despedida donde está previsto que también la gente acompañe el traslado hasta el cementerio.

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