10 de noviembre 2015 - 00:19

Una niña que no tuvo justicia en Tres Arroyos

 En la calurosa siesta del 31 de diciembre de 1989, la nena Nair Mostafá, de 9 años, salió de su casa. Tenía que caminar unas cuadras para llegar al Club Huracán, donde tendría una jornada de pileta, como muchos chicos de Tres Arroyos. Nunca llegó. Y desde ese momento comenzó el misterio que se convirtió en símbolo de impunidad.

Liliana, la mamá de Nair, fue tres veces a la comisaría. El comisario no estaba y el subcomisario estaba "ocupado". Desde una radio se convocó la búsqueda y la organizó la familia con un bombero de la ciudad. Al lado de las vías del ferrocarril en la esquina de Falucho y Brandsen, un hombre encontró el cadáver de la menor. Estaba boca arriba, tenía mordiscos y la habían violado y estrangulado.

Un grupo de personas furiosas, al conocer el final y la falta de acción policial, fueron a Pringles 30, sede de la Regional de Tres Arroyos. Volaron piedras e incendiaron autos. Durante la noche quemaron 16 vehículos.

El entonces gobernador Antonio Cafiero viajó de urgencia, se reunió con los familiares, pidió disculpas y descabezó a la Policía. Los uniformados, a esa hora, detuvieron a seis indigentes como sospechosos del asesinato. Pero fueron liberados porque no tenían vinculación con el hecho. El 4 de agosto, en medio de las protestas vecinales, un barrendero llamado Jorge Carmelo Piacquadío, fue detenido y confesó ser el autor del crimen. Padecía de una deficiencia mental.

Con el correr de los meses fueron apareciendo otros sospechosos. Un mecánico dental, que estaba en Lanús, fue demorado y acusado del asesinato. El hombre estaba implicado en otras violaciones y, además, era conocido de un familiar de Nair. El juez de la causa, Luis Balaguer, no pudo probar nada. Aunque sí creyó que avanzaría cuando se descubrió, luego de una tercera autopsia, que había restos de cocaína en el cuerpo. También hallaron semen y un vello. Otra pista siguió los pasos de un familiar de la víctima, pero tampoco se pudo probar. El último acusado de la investigación fue un joven llamado Fernando Bayugar, quien también confesó ser el autor. Fue en 1998, pero se comprobó que no tenía vinculación, padecía problemas psiquiátricos.

Varios meses después, Piacquadío, que estaba internado en el Borda, fue excarcelado. Mientras que el juez de la causa fue apartado de la investigación luego de que la Corte Suprema de Justicia solicitara a la Cámara de Diputados que se le iniciara un juicio político. La causa pasó a otro juez de Bahía Blanca, Leopoldo Velázquez, pero la familia no estuvo de acuerdo con la investigación y lo denunció. Todo volvería a fojas cero cuando, en 1997, la Corte anuló la confesión de Piacquadío, quien fue finalmente sobreseído en 2002 por el juez correccional José Luis Ares. Lo hizo porque habían pasado 12 años y aún no se había definido la situación del acusado.

En el año 2005, en medio de ineficientes investigaciones judiciales, el expediente fue enviado a archivo. La causa fue declarada prescripta.

Nair Mostafá jamás tendrá justicia.

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