La jornada financiera (al menos para los alcistas) no fue buena. Claro que tampoco fue tan mala como llegó a parecer a mediodía. Por ese entonces el precio del petróleo se desplomaba el 2,56%, el Dow perdía el 1,35% y el dólar avanzaba el 0,5% frente a las principales monedas. De ahí en más, la moneda norteamericana fue perdiendo terreno hasta que terminó el 0,16% debajo del cierre del lunes, el precio del crudo se recuperó, cerrando con una ganancia del 0,24% en u$s 97,61 por barril (de todas formas, los commodities retrocedieron en promedio el 0,2%), y si bien no quedaron del lado ganador, las blue chips recuperaron parte de lo perdido cerrando en 12.479,58 puntos (una merma del 0,55%; el NASDAQ fue el único de los grandes índices bursátiles que quedó en positivo, avanzando el 0,03%), apuntaladas por las empresas de servicio (la tasa a 10 años retrocedió al 3,121% anual) y especialmente por los papeles bancarios. Si queremos armar algún argumento para explicar la baja de las acciones, podemos apuntar a los desilusionantes números de Hewlett Packard (redujo sus proyecciones de ventas escudándose en el terremoto y el tsunami que asolaron Japón) y Walmart, que se suman a la serie de grandes empresas del trimestre cuyos resultados o proyecciones no estuvieron en línea con lo que esperaban los inversores, a lo que podríamos sumar la caída en el inicio de nuevas construcciones y la producción industrial durante abril. Si el argumento debe explicar la recuperación vespertina, lo más que podríamos decir es que se vinculó el posicionamiento especulativo de los inversores más arriesgados, tratando de aprovechar pichinchas. Ciertos o no, estos argumentos son en realidad muy parciales, porque como ha venido ocurriendo, el ritmo de la jornada lo siguió imponiendo el dólar, lo que significa que la jornada terminó con más gente desconfiando que los dispuestos a jugarse a que hoy el mercado vuela.
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