El dinero puede comprar de todo: una celda, una ducha, drogas, protección, prostitutas y hasta un "departamento" desde donde se puede manejar un negocio o, vivir relativamente bien.
Continuando con su práctica de visitar prisiones desde que era arzobispo de Buenos Aires, el papa Francisco entrará mañana en la prisión de máxima seguridad que ocupa 34 hectáreas en la ciudad más poblada de Bolivia, Santa Cruz.
"Nos hemos asegurado de que las cosas estén tranquilas por aquí, dijo Leonardo Medina, quien enfrenta cargos por asesinato, mientras masca hoja de coca y porta una chaqueta roja con la palabra "disciplina".
Palmasola se ganó el mote de ser "la cárcel más peligrosa de Bolivia", en gran parte por los continuos enfrentamientos entre facciones rivales. En uno de los peores episodios, en agosto de 2013, al menos 30 presos murieron y decenas fueron heridos en una guerra territorial en el pabellón de máxima seguridad, conocido como "Chonchocorito".
Medina vive en la sección contigua, de régimen abierto, que visitará el Papa.
A aquel pabellón se lo conoce como "PC-4" y es el más grande de la prisión. Luce como un pequeño pueblo con ropa colgada entrelazándose con cables de luz, edificios destartalados, kioscos y una cafetería con una estatua de Cristo.
Existe también un pabellón de mujeres y los niños pueden vivir con sus padres encarcelados, junto a violentos presos, que evitan con un soborno a los funcionarios de la prisión, dijo Ramiro Llanos, exjefe del servicio penitenciario.
Al igual que Medina, muchos de los reclusos de Palmasola no fueron condenados y están en espera de su juicio. A nivel nacional, casi el 90% de los 12.000 prisioneros de Bolivia están a la espera de un juicio, según opositores y organizaciones no gubernamentales.
Sin una fuente de ingresos, la vida en Palmasola se puede tornar espantosa. Roberth Aquino dijo que un amigo preso por robo de tierras tuvo que pagar hasta 6.850 bolivianos por una cama, 1.300 bolivianos para acceder a las zonas al aire libre y 25 por utilizar las duchas.
Los que no tienen dinero, duermen en el piso. Los que sí, avanzan rápidamente en la jerarquía dentro de la prisión.
"El Gobierno sólo te encierra y te deja aquí, dijo Enea Cardina, un italiano de 61 años acusado de asesinato.
La Iglesia Católica brinda educación primaria y secundaria. Incluso ofrece la carrera de Derecho.
Hasta los criminales más violentos de la prisión aseguran que el Papa estará a salvo.
"Su visita es una bendición para nosotros", dijo Ambi Vaca, de 24 años. "Así que vamos a cuidar de él".
| Agencia Reuters |

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