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Una saga que recuerda los errores de Nixon
La excusa para dimitir al director de la Policía Federal resulta inverosímil: errores de manejo que terminaron hundiendo a Hillary Clinton en las elecciones.
Los demócratas no fueron los únicos que se quedaron conmocionados el miércoles a la noche con la noticia. Algunos de ellos temen que se vean amenazadas las bases mismas de la estructura política y protestarán en el Congreso. El líder de la minoría en el Senado, Charles Schumer, quiere designar a un fiscal especial que "no tenga miedo" y que sea "independiente". Su partido quiere reforzar los comités de investigación. Pero los republicanos controlan las dos cámaras.
El hombre que de forma indirecta podría haber ayudado a Trump a ganar las elecciones se podría convertir ahora en el símbolo de la resistencia contra el presidente. Porque fue Comey quien le asestó un golpe posiblemente decisivo a Clinton once días antes del final de la campaña, cuando anunció la reapertura de las investigaciones. El caso volvió a cerrarse, pero para la demócrata ya era demasiado tarde.
The New York Times aseguró que Trump no esperaba la ola de indignación que causó el despido. "¿En que se convirtió este país?", se preguntó el presentador de la CNN, Jeffrey Toobin. No fue el único al que el despido de Comey le recordaba el escándalo del Watergate.
"Lo que está ocurriendo ahora recuerda mucho a 1973, a las horas más oscuras de nuestro país. Deberíamos hacer lo posible por que eso no se repita", dijo el senador demócrata Richard Blumenthal. Su compañero Bob Casey señaló que todo esto es "nixoniano" e increíble.
En 1973 el presidente Richard Nixon despidió al fiscal general Archibald Cox, uno de sus errores más graves y que condujo a su renuncia. Entonces, la oficina de Cox fue sellada para proteger las actas y los resultados de las investigaciones. No se sabe si ocurrió lo mismo con la de Comey y con sus datos. De hecho, el funcionario se enteró de su despido durante un discurso en la oficina del FBI en Los Angeles. Por los televisores encendidos en la sala, según los medios, y al principio lo tomó por una broma. Mientras tanto, en Washington, Keith Schiller, guardaespaldas privado del presidente desde hace años, llevaba al FBI la carta de despido.
| Agencia DPA |


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