Una tarde de perros

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Todos los índices globales tuvieron que dejar la cabeza en la guillotina de las bajas, en una tarde que ya no tuvo privilegiados -como el martes del Merval- y el desarrollo resultó definido desde temprano en el signo, quedando sólo pendiente establecer las consecuencias del plano inclinado.

Europa vivió otra fecha de preocupaciones, en una confusión que dejó nada menos que a Grecia como su foco de mayor resistencia (y es decir). En Wall Street, el susto del «no acuerdo», bien jugado por los interesados en comprar abajo, originó el 1,6% de brecha (y es un número). Copió con precisión el índice de San Pablo, decayendo en igual porcentual que el Dow, como para dejarle al Merval un campo seriamente minado.

Como la del lunes, fue una jornada muy cantada para obrar a sabiendas de que las cotizaciones previas serían menores, bastante, al llegar al cierre. Opción para jugarse en tal sentido, invirtiendo los términos que se emplean para ir hacia arriba. En definitiva, pagando un extra por su acción solitaria del martes, el índice local debió abonar doble. Esto rozó un 3% porcentual, con el indicador perforando piso y culminando en los 3.270 puntos. Solamente ocho papeles con aumentos, contra 60 en descenso. En tanto, el factor que podía ser el único recurso para resistir, el volumen, no se contrajo lo necesario. Oferta más decidida, más nerviosa, hizo reunir un total por $ 45 millones efectivos. En tal caso, con la peor aleación: precios en caída con negocios en suba. Jueves de temores se asoma. Y la Bolsa, con granizo.     

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