25 de septiembre 2017 - 22:22

Una tendencia que pisa fuerte en Latinoamérica

• Legalidad versus precariedad
Tras la sanción de la reforma laboral, Brasil se convirtió en faro para el resto de América Latina en materia de tercerización laboral.

Una tendencia que pisa fuerte en Latinoamérica
Ya pasaron seis meses. Pero la sesión quedó en la memoria de todos los brasileños. Gritos, acusaciones varias y hasta intentos de agresión física. El 23 de marzo, la Cámara de Brasil convirtió en ley la reforma laboral que, entre otras cosas, liberó todo tipo de tercerización. La sanción, además, pasó a ser fuente de referencia para el resto de los países de América Latina que ven en Brasil un faro a seguir.

La ley modifica el escenario legal del mundo laboral, ya que quiebra el régimen de la Consolidación de Leyes del Trabajo (CLT) instaurado por la presidencia de Getulio Vargas en 1943. Hasta el momento, en Brasil, regía la tercerización sólo era legal para cuestiones laterales de un trabajo. Si una fábrica de telas, por citar un caso, podía tercerizar los servicios de vigilancia si mantenía a todos sus trabajadores registrados y en blanco.

En el mundo hay muchas formas de mencionar la tercerización: outsourcing, Business Service Outsourcing (BSO), Business Process Outsourcing (BPO), pero la más conocida en Latinoamérica es la tercerización de servicios laborales. Una práctica que gana cada vez más terreno en esta parte del mundo, pero que ya tiene varias décadas en el resto del mundo.

Pero Brasil no es el único caso de renombre en América del Sur. Según datos del Banco Interamericano de Desarrollo, la tercerización laboral creció más de un 60 por ciento en los últimos años lo que la convierte en "La joya escondida de la tercerización laboral en América Latina", tal como la llamaron expertos en la materia.

A través del trabajo tercerizado en call centers, administración de gastos y recursos humanos, servicios de pago, procesos logísticos y legales, Colombia logró encontrarles trabajo a 120 mil desocupados. Una transformación que se sostiene por el apoyo gubernamental, una infraestructura basada en alta tecnología, el idioma hispano y un sistema educativo sólido que permite tener culturalmente un pueblo desarrollado.

Uruguay tampoco se queda afuera de la modalidad. En 2013 se conformó una Comisión de Trabajo Tercerizado del PIT-CNT, que no sólo está a cargo de coordinar las luchas por las reivindicaciones de los tercerizados, sino que además se elaboraron diferentes proyectos de ley para lograr eliminar la tercerización. Pero hay dato que no es menor. Gran parte de la tercerización del país vecino sucede en el ámbito estatal.

América Latina figura es uno de los destinos más populares de la tercerización. Y mucho tiene que ver la cercanía geográfica con Estados Unidos. Las estimaciones para Brasil, Chile, Uruguay, Argentina y México evidenciaron que entre un 30 y 40 por ciento de los asalariados formales están involucrados en distintas formas de subcontratación. En Ecuador el rango se mueve por encima del 40 por ciento. Mientras que en la mencionada Colombia, alcanza el 50 por ciento.

Perú no se queda atrás. En la actualidad ocho de cada diez empresas encontraron en la tercerización el camino hacia una mayor productividad tanto en la división de trabajo eficiente como también la especialización del capital humano. De esta manera, las compañías que más buscan tercerizar son las mineras y petroleras, el servicio retail y consumo y la agricultura y la construcción.

Años atrás la tercerización de actividades empresariales era la excepción, en la actualidad es casi una regla internacional. Más del 80 por ciento de las grandes empresas en Europa, Asia y América del Norte tiene algún tipo de acuerdo de tercerización según una encuesta realizada por la consultora Bain & Company. De estos, la mitad, los hacen a través de una organización de otro país, una off shore. ¿Los motivos? Son variados. Un artículo del New York Times lo explica a partir de las ventajas comparativas, uno de los conceptos más básicos de la teoría económica, según la cual los países y las compañías deben delegar la producción de bienes y servicios de menor valor, aún si los pueden producir más eficientemente.

¿El resultado? Más simple. Pese a que este tipo de modalidad afecta los derechos laborales, un estudio realizado por Business Technology Labs clarifica en lo que refiera a términos económicos: las empresas que delegan sus servicios tienen un mejor rendimiento que aquellos que no lo realizan con ahorros que van del 25 al 40 por ciento.

De esta manera, Latinoamérica va, de a poco, rumbo a formar parte del resto del mundo en lo relacionado a la tercerización laboral. Una modalidad que, pese a que avanza, no cuenta con el respaldo del ámbito gremial con motivo de los diferentes derechos que se pondrían en riesgo a partir de este tipo de contratación.

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