6 de noviembre 2009 - 00:00

Una transformación colosal aunque dolorosa

Bastó el anuncio de que se liberaría la posibilidad de viajar al Oeste para que los alemanes de Berlín oriental terminaran sin resistencia con el Muro. Durante los veinte años anteriores, unas 270 personas habían muerto al intentar cruzarlo.
Bastó el anuncio de que se liberaría la posibilidad de viajar al Oeste para que los alemanes de Berlín oriental terminaran sin resistencia con el Muro. Durante los veinte años anteriores, unas 270 personas habían muerto al intentar cruzarlo.
Varsovia - En veinte años, desde el hundimiento del sistema comunista, Europa central ha vivido el desafío inédito de transformar economías dirigidas centralmente e integrarlas al mercado mundial.

Polonia, la mayor economía entre los diez nuevos miembros de la UE en 2004, fue el primer país que lanzó una reforma sistemática en 1990. Hoy en día es el único miembro de la UE que preservó el crecimiento económico a lo largo de la crisis.

Los cambios transformaron totalmente el paisaje económico de los países del Este, barriendo buen número de pilares de la economía comunista, como los astilleros polacos, cuna de la lucha contra el antiguo régimen y ahora a punto de desaparecer.

Sólo algunos, privatizados parcial o completamente, renacieron. El fabricante automotor rumano Dacia (Renault) y el checo Skoda (Volkswagen), la petrolera polaca Orlen y la húngara MOL se convirtieron en actores a escala europea, al lado de nuevas industrias o grupos extranjeros que invirtieron allí.

El objetivo parecía común: la economía de mercado. Pero el punto de salida, los métodos adoptados y el ritmo de los cambios han variado.

Sumidos en una inflación cercana al 750%, los países bálticos, que recobraban su independencia de la Unión Soviética en 1991, estaban obligados a construir de nuevo sus propias economías.

Polonia apostó por su «Big Bang» desde el 1 de enero de 1990. «Había que apagar rápidamente el incendio (de la hiperinflación), liberalizar y lanzar cambios institucionales profundos: privatizaciones, creación de una Bolsa de valores, de un banco central independiente», explicó Leszek Balcerowicz, autor de la «terapia de choque» polaca.

Hungría lanzó su reforma gradual en 1992. Bulgaria puso en marcha oficialmente sus primeras privatizaciones en 1997.

Las reestructuraciones masivas, de las que se beneficiaba a menudo la ex nomenclatura, estuvieron acompañadas de abusos y generaron desempleo, un fenómeno nuevo en el bloque del Este, donde trabajar era una obligación.

El desempleo en la ex Alemania oriental sigue siendo el doble que en el Oeste. Los ingresos de un ciudadano de la ex RDA están compuestos hoy por ayudas sociales en un 40% como promedio. Un nuevo proyecto prevé la supresión de 48.000 empleos suplementarios de aquí a 2012.

Según Witold Orlowski, experto de PricewaterhouseCoopers, «ningún Gobierno occidental hubiera sobrevivido ni seis meses con semejante programa de sacrificios.

Agencia AFP

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