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Una transmisión presidencial que no se llegó a reglamentar
Amado Boudou, Carlos Zannini
A pesar de que ministros y funcionarios ya sabían lo que vendría tras el acto de entrega de vehículos a Gendarmería que se hizo en el Salón de las Mujeres de la Casa Rosada, hasta ese momento Boudou cumplía sólo funciones protocolares. Está claro que inaugurar obras o entregar vehículos no son actos de gobierno propiamente dichos, como sí lo son firmar documentos públicos, decidir la reasignación de partidas, promulgar leyes o firmar decretos.
Para el kirchnerismo esa diferencia es algo difusa: con tanto acto en la Casa Rosada o de gira por el país, a veces por campaña, otras en el mero ejercicio de la máquina de cortar cintas, hay quienes piensan que de eso se trata la función presidencial. Lo cierto es que un hospital nuevo puede comenzar a funcionar o el equipamiento entregarse a cualquier área del Estado, sin necesidad de un acto público.
Ese es el límite que cruzó ayer Boudou tras el acto en la Rosada y que algunos en esa casa preferían demorar. Carlos Zannini, secretario Legal y Técnico, u Oscar Parrilli, general de la Presidencia, por ejemplo, intentaron mantener al vice en ese rol protocolar. Forman parte de una mitad del gabinete que prefería mantener la licencia de Cristina de Kirchner en un nivel de provisoriedad legal que le dejara al vice el rol de hombre para la foto.
El vice se esmeró en cumplir con el intento (vano por momentos) de restarle dramatismo al acto: "Así que esta etapa de 30 días es exactamente igual, no tiene ninguna cuestión de incertidumbre, ninguna cuestión rara, ella está tomando su descanso, un descanso que necesita, que por otra parte se merece, se lo merece de corazón por el esfuerzo que hace todos los días más allá de sus cuestiones personales". Lo hizo sin mencionar la operación que se avecinaba ni la decisión de modificar esa licencia de 30 días con reposo por una intervención quirúrgica que el síntoma del cosquilleo en el brazo había acelerado.
De todas formas, es un hecho que la lapicera de Boudou sólo tomará decisiones cuando lo ordene la Presidente, por lo menos en el esquema médico que se mantenía hasta anoche en las vísperas de la operación. El Gobierno seguirá manejándose en las mismas oficinas, con o sin transferencia legal del mando presidencial.
Hubo un intento, perdido en discusiones que no tuvieron destino, por moderar las condiciones de la transferencia del mando, algo peligroso si se entiende que el proceso está claramente reglado en la Constitución nacional: "En caso de enfermedad, ausencia de la Capital, muerte, renuncia o destitución del Presidente, el Poder Ejecutivo será ejercido por el vicepresidente de la Nación". Es evidente que, como en un embarazo, no se puede ser un poco presidente.
La firma del acta de transmisión tuvo antecedentes. Boudou habló ayer con Zannini para arreglar los asuntos de último minuto. Antes, por teléfono con Cristina de Kirchner. No fue la primera vez en estos días.
La primera noticia sobre lo que estaba sucediendo con la salud de Cristina de Kirchner la tuvo Boudou de boca de la propia Presidente. En Brasilia el vice estaba metido en otros problemas cuando recibió una llamada desde la Residencia de Olivos. Pocos minutos antes le habían notificado un desperfecto en el Tango 02 que lo había llevado a Brasil y la comitiva estaba en pleno trámite de organizar el regreso a Buenos Aires a tiempo para partir al día siguiente hacia Cannes.
Todos los planes se terminaron en segundos: Cristina de Kirchner le ordenó a Boudou regresar al país y le resumió sus problemas de salud.
Ayer hubo otra comunicación para "arreglar papeles" antes de partir hacia la Fundación Favaloro. Y por la tarde Boudou la visitó allí, en el sexto piso, donde se internó y se trasladó la parte más íntima del Gobierno.
Hoy Boudou retomará la agenda presidencial en su faz protocolar plena: habrá una visita a Villa María, Córdoba; la sigue otra a Tandil mañana y otra inauguración de viviendas en campaña en Catamarca el jueves.


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