30 de noviembre 2011 - 00:00

Unas relaciones marcadas por los viejos rencores

Londres - El asalto ayer de un grupo de estudiantes islámicos a la embajada británica en Teherán es el último incidente de las ya tensas relaciones bilaterales entre el Reino Unido e Irán, cuya historia está marcada por el rencor y la desconfianza.

Las relaciones bilaterales se deterioraron en los últimos años por la insistencia iraní a continuar con su programa nuclear, del que Occidente sospecha que esconde objetivos militares, si bien Teherán sostiene que lo hace con fines puramente civiles.

A tal punto llegó la presunción, fundamentada en un reciente informe de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) sobre el plan iraní, que el Gobierno británico decidió la semana pasada suspender las relaciones financieras entre los dos países, incluso todo contacto con el Banco Central iraní.

Teherán contestó con la aprobación por mayoría parlamentaria de una ley para rebajar las relaciones a nivel de encargado de negocios, lo que supondrá la retirada de los embajadores.

La nueva tensión se añade a los vaivenes que marcaron los vínculos desde 1951, cuando Teherán decidió nacionalizar, para malestar de Londres, la Compañía Petrolera Anglo-Iraní. Desde entonces ambos países tuvieron relaciones tormentosas.

Cuando el Reino Unido cerró su legación diplomática en 1979, sus intereses en Irán fueron atendidos por la embajada suiza.

Los dos países debieron esperar para normalizar sus relaciones hasta 1988, cuando Londres reabrió su embajada.

Sin embargo, en esos nueve años transcurridos la desconfianza marcó los vínculos entre el entonces Gobierno de Margaret Thatcher y el régimen del ayatolá Jomeini, y tuvo un momento particularmente tenso cuando seis iraníes armados asaltaron la Embajada de Irán en Londres, donde tomaron a 22 rehenes.

El incidente, con tintes de película de espionaje, se saldó con la muerte de uno de los rehenes cuando las fuerzas especiales británicas SAS irrumpieron en la sede, lo que resultó en la muerte de cinco terroristas, mientras que el otro fue detenido.

Un año después de la reapertura de la embajada británica en Teherán, Jomeini emitió una «fatwa» (condena a muerte) contra Salman Rushdie por considerar blasfemo para el islam su libro «Los versos satánicos», situación que obligó al escritor a esconderse durante años para impedir que lo asesinaran.

Este grave incidente contra un ciudadano británico motivó la ruptura de las relaciones entre los dos países, restablecidas en 1990, aunque en principio a nivel de encargado de negocios.

En septiembre de 1998, con un nuevo Gobierno en el Reino Unido, el del laborista Tony Blair, los vínculos avanzaron al rango de embajador, lo que supuso la normalización de las relaciones.

Pero la aparente normalidad de los vínculos bilaterales no perduraría mucho tiempo, ya que en 2003 comenzó la creciente preocupación del Reino Unido por el desarrollo nuclear iraní.

A esto se añadió el arresto -en marzo de 2007- de 15 miembros de la Marina británica en aguas del Golfo, lo que motivó otro incidente entre los dos países, si bien acabó con la liberación de los militares por orden del presidente iraní, Mahmud Ahmadineyad, quien aseguró que le hacía un «regalo» a Blair.

Agencia EFE

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