Los jugadores de Unión festejan con su público tras ganarle el clásico a Colón en el «cementerio de los elefantes».
A Unión le costó cuatro fechas para sumar de a tres en su retorno a la Primera División. pero cuando lo consiguió, festejó a los grande, ganándole el clásico a Colón de una forma tan clara como sorpresiva. Orden y oportunismo. Con esos simples atributos Unión logró una rápida ventaja y luego pudo mantenerla sin sobresaltos por su respeto a un libreto bien estudiado y las llamativas carencias ofensivas de Colón. Cuando a los 8 minutos Rosales desairó a Barraza y envió un remate combado al ángulo superior izquierdo de Pozo las cosas comenzaban a inclinarse para el lado de los visitantes, y mal no estaba. Es que el local, en el arranque, mostró falencias en el manejo de la pelota y salvo algunos avances de Leandro González, todas sus aspiraciones ofensivas quedaban supeditadas a lo poco que pudo hacer Fuertes.
Para completar el cuadro menos esperado por los locales, en su segundo ataque de importancia Unión logró la segunda conquista, a través de Fausto Montero. Colón sintió el golpe y atacó sin ideas, ante un rival que intentó frenar su ímpetu. En el complemento hubo un largo período inicial a pedir del «tatengue»: todo trabado en el medio, pocas aproximaciones a los arcos y la posibilidad latente de un contraataque que le permita liquidar el pleito. Unión, con claridad de conceptos y dos golpes en los momentos justos, se llevó los tres puntos con justicia y castigó la intrascendencia de los rojinegros.
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