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Unos vampiros entre clásicos y modernos
Ethan Hawke y Willem Dafoe en «Daybreakers-vampiros del día», distopía futurista con detalles más o menos originales y generosos chorros de sangre que harán las delicias de los fans del género menos exigentes.
Los vampiros ya son casi un problema para los directores de cine modernos. Es que ya no saben bien qué hacer con ellos, lo que no impide que los chupasangres sigan estando de moda. Al menos, «Daybreakers» mantiene la tradición en lo que tiene que ver con la mayoría de las reglas clásicas del vampirismo, aunque lo que plantea el guión, escrito por el mismo dúo de hermanos directores, es una distopía futurista en una sociedad habitada por vampiros civilizados pero no por eso menos crueles.
Es un futuro donde casi no quedan seres humanos y los pocos que hay son criados como ganado por su sangre, alimento vital de la población vampírica, que la toman elegantemente diluida en café. Pero, el mundo experimenta una crisi global de sangre, y algunos vampiros caen en prácticas canibalísticas, vale decir beber sangre propia, lo que los lleva a horribles mutaciones, convirtiéndolos en seres deformes y sumamente agresivos.
En este contexto poco alentador, Ethan Hawke es un hematólogo contratado por el millonario Sam Neill para encontrar algún tipo de sustituto alimenticio que pueda reemplazar la sangre humana, mientras en realidad, intimamente, el científico espera encontrar una cura al vampirismo. En el medio de la infructuosa búsqueda, un grupo de humanos organizados por Willem Dafoe para sobrevivir y cambiar las cosas ofrecen una alternativa totalmente inesperada.
La ambientación de este mundo futuro, obviamente oscuro, tiene una puesta en escena original en paisajes de Australia, que permiten mostrar en algunas de las mejores escenas del film distintos dispositivos para que, por ejemplo, los vampiros puedan andar en auto a plena luz del sol. La estética ochentista también es interesante, y las numerosas explosiones gore harán las delicias de los fans del género menos exigentes (en especial, los constantes chorros de sangre con los que los directores se regodean en casi todas las escenas de acción horripilantes).
El elenco es bueno, y los tres protagonistas tienen algún momento de lucimiento, pero la película no es muy pareja, y, por momentos, aspira a cosas para las que hacía falta más presupuesto (por ejemplo, los motines por la falta de sangre nunca lucen demasiado masivos). Hay algunas buenas escenas con los vampiros mutantes, sobre todo una ejecución pública de un grupo de estos horribles freaks, pero también hay demasiadas explicaciones pseudo científicas en escenas dialogadas no muyintensas. Al final, el resultado no está del todo mal, pero tampoco sirve para darle la inyección de sangre nueva que el género viene necesitando hace rato.
D.C.


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