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Uruguay se encamina a ser potencia mundial en producción de celulosa
El objetivo de este nuevo emprendimiento industrial es producir un millón de toneladas de celulosa al año, un volumen similar al de UPM (ex Botnia), que está funcionando más al norte del país, a orillas del río Uruguay, frente a la Argentina.
Con esas dos plantas en actividad, Uruguay alcanzará un nivel que lo colocará entre los principales países productores del mundo, como consecuencia de la política forestal y de fomento a las inversiones que han impulsado los recientes gobiernos.
Este proceso comenzó en 1987 con la promulgación de la Ley Forestal, que en su artículo primero declaró de «interés nacional» la
defensa, el mejoramiento, la ampliación, la creación de los recursos forestales, el desarrollo de las industrias forestales y, en general, de la economía forestal.
La disposición se complementó después con sucesivos decretos que fueron ajustando los mecanismos de beneficios y de subsidios para los que habían forestado, de manera de generar las condiciones para este presente.
Veinticuatro años después de la creación del marco legal para el desarrollo del sector se instaló la empresa finlandesa Botnia, que después pasó a llamarse UPM y que generó un conflicto con la Argentina que debió dirimirse en la Corte Internacional de Justicia de La Haya.
Ahora desembarcó Montes del Plata, una sociedad de capitales suecos, finlandeses y chilenos que promete incorporar «no solamente la mejor tecnología del mundo» sino «implantar un modelo de relaciones con la comunidad, con base en la transparencia y eficiencia», según dijo el chileno Matías Domeyko, director de la compañía.
«Esta inversión no solamente se trata de ganancia para las empresas. Hará que Uruguay sea uno de los principales productores de celulosa del mundo» y «esta nueva planta, un ejemplo en el mundo», agregó Erwin Kaufmann, gerente general de Montes del Plata.
Aseguró que el emprendimiento busca «no sólo prosperidad para la empresa, sino también para la sociedad», haciendo hincapié en el compromiso de respetar el medio ambiente, luego de los numerosos cuestionamientos que tuvo UPM.
Los inversionistas extranjeros admitieron que eligieron Uruguay porque es un país que «presenta condiciones de crecimiento únicas, excepcionales a nivel mundial en lo forestal».
«Se ve en muy pocos países del mundo, pero nosotros tomamos esta decisión porque hay un clima favorable a la inversión, instituciones respetables, creíbles, serias, algo que no se da en todas partes», complementó Domeyko.
La nueva planta de celulosa no generó, esta vez, el conflicto que provocó UPM, pero todavía se escuchan algunas voces disidentes que advierten sobre los riesgos, a mediano y largo plazo, para la salud de la población y para el ecosistema regional.
El exviceministro de Ganadería, Agricultura y Pesca Andrés Berterreche (2005-2010), que además es ingeniero agrónomo de profesión, dijo en algún momento que «éste no es el tipo de inversión forestal a la que apunta el Gobierno», sino el de «madera de valor agregado».
El actual presidente del país, José Mujica, que también fue ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca en el Gobierno anterior que encabezó el médico oncólogo Tabaré Vázquez, dijo en 2005 que no era partidario de impulsar la industria de la pulpa de papel.
«No es mi modelo de país. Quisiera trabajar en un país que concilie el árbol, la vaca y la oveja. En todo caso, un país que genere madera, pero para trabajar», dijo en una entrevista publicada ese año.
Sin embargo, las cosas se fueron dando de otra forma. Las inversiones eran gigantescas para el pequeño país sudamericano, que terminó aceptando la nueva realidad.
En un plazo estimado de dos años, Uruguay tendrá en funcionamiento dos gigantescas plantas que producirán unos dos millones de toneladas de celulosa al año.
Agencia DPA


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