1 de abril 2016 - 00:00

Vale por el duelo actoral de sus buenos comediantes

Las actuaciones de Guillermo Francella, Jorge Marrale y Arturo Puig hacen que valga la pena ver la versión local del “vodevil cínico” francés “Nuestras mujeres”.
Las actuaciones de Guillermo Francella, Jorge Marrale y Arturo Puig hacen que valga la pena ver la versión local del “vodevil cínico” francés “Nuestras mujeres”.
"Nuestras mujeres" de E. Assous. Dir.: J. Daulte. Int.: G. Francella, J. Marrale, A. Puig. Esc.: J. Ferrari. Vest.: A. Markarian. Ilum.: M. Sendón. (Teatro Metropolitan)





Tres amigos de toda la vida atraviesan una dura prueba de lealtad cuando uno de ellos estrangula a su mujer enloquecido por los celos. El hombre llega tarde a su habitual cita para cenar y jugar a las cartas y pretende que sus compañeros apoyen su coartada para no ir a la cárcel.

Aunque este "vaudeville cynique", como lo definió un crítico francés, deje entrever un posible debate sobre la falta de diálogo entre hombres y mujeres y se pregunte qué valores dan sustento a una amistad viril, aquí lo que en verdad importa es el juego actoral, al que se suman una dosis de suspenso, algunas confesiones y un final imprevisto.

Si bien la exitosa pieza de Eric Assous, cuya versión cinematográfica fue muy cuestionada, alude a un tema tan ríspido como la violencia de género, pronto se banaliza la cuestión. De allí en más el interrogante central de la obra: ¿qué actitud tomar ante un amigo que comete un crimen?, pasa a ser una excusa argumental, una suerte de "macguffin" a lo Alfred Hichtcock, que moviliza la acción y activa los miedos, la creciente desconfianza mutua y las quejas contra las mujeres de este pintoresco trío.

El director Javier Daulte subrayó el humor popular de la pieza adaptándolo al ambiente porteño, dinamizó las escenas con mayor actuación física y pulió cada gag con más detalle. Por momentos, la obra parece haber sido escrita para Guillermo Francella; su rol de Max (el dueño de casa), primero abrumado por una novia discutidora y luego por el crimen de su amigo, le permite desplegar su eficaz batería de gestos, tonos y miradas cómplices que tanto deleita a la platea. A su lado, Jorge Marrale, un actor de inagotable paleta expresiva, apela a un humor más sinuoso y visceral que también es muy festejado. En otro registro, Arturo Puig (el publicista devenido en supuesto asesino) brinda un soberbio contrapunto dramático. Su entrada a escena al borde del colapso y su posterior ingesta de alcohol y pastillas son dos de las escenas más logradas.

Como es ya habitual en este tipo de producciones, la escenografía ocupa un rol protagónico. Felizmente, en este caso el amplio loft diseñado por Jorge Ferrari (casi un homenaje a Frank Lloyd Wright) es vivido por los intérpretes con gran energía y naturalidad. Ellos tres hacen que valga la pena ir a ver este espectáculo.

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