Valioso libro sobre la notable obra de Gowland Moreno

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  Se presentó recientemente en el auditorio de la Asociación Amigos del Museo Nacional de Bellas Artes el libro "Gowland Moreno, una Constante Búsqueda de lo Expresivo". Participaron en el acto los académicos Jorge Taverna Irigoyen y Nelly Perazzo y las autoras, Cristina Rossi y Cecilia Rabossi, así como Teresa Gowland de Frías, hija del artista.

En primer lugar recordamos a Luis Gowland Moreno como hombre de vasta cultura, prototipo de señorío y gran refinamiento.

Nacido fortuitamente en la isla de Madeira (Portugal) en 1902, vivió en Europa, estudió en L'Academie de la Grande Chaumiere (París) y en 1923 vino con su familia a la Argentina.

En 1926 comenzó su formación con el pintor cordobés Emiliano Gómez Clara, más tarde asistió al taller de Jorge Beristayn quien le contagió, según contaba el artista en sus datos biográficos, "su fogoso ímpetu de pintor y el entusiasmo casi delirante ante el motivo". Recibió invalorables consejos de Alfredo Guido, Enrique de Larrañaga, Emilio Centurión, Juan Carlos Faggioli, Rodrigo Bonome, nombres significativos de nuestro panorama artístico y que no deberían ser olvidados.

Gowland Moreno tuvo destacada actuación en salones, integró comisiones directivas de la Asociación Amigos del Arte, de la Comisión de Amigos del Museo de Bellas Artes, de la Sociedad Argentina de Artistas Plásticos, del Instituto de Arte Moderno y la Asociación Ver y Estimar creada en 1954 por Jorge Romero Brest.

Su archivo, celosamente guardado por su familia, testimonia la estrecha amistad que mantuvo con poetas, críticos de arte, galeristas, coleccionistas nacionales e internacionales.

En el ensayo "Frente al Modelo", Cristina Rossi analiza las figuras y las naturalezas muertas del período 1920-1960. Muchos bocetos de figuras humanas así como el tratamiento de caracteres, por ejemplo, un mendigo, un niño aguatero, un hombre tomando mate, que se inscriben en una tendencia regionalista para después encarar figuras junto a naturalezas muertas.

Realizó retratos desde los comienzos de su actividad artística hasta el final de sus días y muchos de ellos corresponden a personas destacadas de su entorno social y de su numerosa familia.

Otros temas abordados por el artista fueron el paisaje ciudadano y la ya mencionada naturaleza muerta, no solamente el típico bodegón sino que hasta podía ser una silla sobre la que se apoyaba una chaqueta.

Se verá más adelante cómo incorporaría otros elementos. Corría el año 1943 y su obra estaba influenciada por el mundo en guerra, no era el único, Berni, Spilimbergo, Urruchúa, Raquel Forner dieron testimonio de ello y Manuel Kantor se preguntaba en 1945 "¿qué pensará el hombre del futuro sobre el artista de hoy frente a la obra de un testigo que vivió en un planeta encendido, rodeado de sangre, de dolor, de odio y de llanto?". Hoy tampoco sería fácil contestar esa pregunta porque la sangre, el dolor, el odio, el llanto, la muerte no han cesado.

Cecilia Rabossi analiza la mirada del artista sobre escenarios urbanos y naturales: esquinas, calles, plazas, rincones de la Boca y el puerto, la mirada de un enamorado de Buenos Aires, de un nostálgico por su imagen del pasado y la pujanza de la urbe que se yergue... En los 50 Gowland Moreno enfoca las demoliciones de las casas bajas, tema que trabaja intensamente hasta que el paisaje urbano se convierte en abstracciones de espesa materia.

En "Forma y Materia" Cristina Rossi describe la obra madura del artista que ya presentía los cambios y la renovación a causa de las modernas corrientes plásticas europeas que irrumpían en Buenos Aires. Pero nunca estuvo Gowland Moreno ajeno a las propuestas renovadoras y es interesante el hecho de que en 1959 al crear un premio con su nombre, recayera en Alberto Greco, integrante de un grupo informalista recientemente formado.

Sus obras matéricas fueron incluidas en exposiciones muy significativas: "150 Años de Pintura Argentina" en el MNBA y en la Primera Exposición Internacional de Arte Moderno convocada por Rafael Squirru.

Hacia 1963 se vuelca hacia un tipo de pintura texturada que evocaba el americanismo, concitando gran aceptación entre el coleccionismo neoyorquino. Entre 1967 y 1969 produjo un conjunto de obras constructivas mediante la técnica del collage, serie que merecería ser incluida en exposiciones que abordan estos planteos geométricos y que no llegó a mostrar individualmente.

Cecilia Rabossi analiza sus collages en "Experimentación y Libertad", obras realizadas durante la década del 60. A diferencia de los constructivos, encontraba el material en las calles, en los carteles de publicidad que arrancaba de las paredes, lo que implicaba, según sus palabras, "un esfuerzo por conseguir una fuerza comunicativa poderosa para interesar y subyugar al espectador".

Dinámicas, de vibrante cromatismo, audaces, de grandes contrastes, las palabras jugaban con las formas de decidido acento contemporáneo que lo colocaban, como lo señaló Córdoba Iturburu, "en las primeras filas de nuestra vanguardia artística".

En el libro se incluye "El Collage", publicación de su autoría , editada en 1968 por el Centro Editor de América Latina. Gowland Moreno murió en 1971, varios meses después de una exposición planeada para la Galería Van riel y que no se pudo llevar a cabo.

Finalmente se realizó en las Salas Nacionales de Exposición en 1975 gracias a una Comisión de Homenaje al artista integrada por personalidades de la cultura, entre ellas, Samuel Oliver, Samuel Paz, Jorge Luis Borges, Ignacio Pirovano, Amancio Williams, Córdoba Iturburu, Jorge Feinsilber, Ernesto Rodríguez. En 1988 tuvo lugar otra importante retrospectiva organizada por su familia registrada en un video cuya introducción estuvo a cargo de Ernesto Schóó. Este importante libro contó con el imprescindible apoyo de Miguel Frías y pudo realizarse gracias a la apertura del archivo del artista que conservó y ordenó tan rica documentación a través de los años. Profusamente ilustrado, bilingüe, castellano-inglés, completa cronología, fotografías, documentación, 369 pág. Akian Gráfica Ed.

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