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Vanguardistas de los 50 que marcaron el futuro del arte local
Obra de Kenneth Kemble, quien estuvo a la cabeza de la exposición de Arte Destructivo, que marcó una nueva era en el arte argentino y cuyos exponentes ahora reúne la muestra del Museo de Arte del Tigre “La explosión de la Forma”.
Se incluyen más de 40 obras históricas entre pinturas y esculturas junto a la documentación (fotografía y banda sonora de la célebre exposición de Arte Destructivo de 1961).
Bajo la curaduría de Mariana Marchesi, este corto período del arte argentino muestra los cambios que se producen entre fines de los 50 y principios de los 60 por artistas que se rebelaron contra todo tipo de canon, la belleza, las normas del buen gusto, para dar lugar a una total libertad expresiva, la incorporación de materiales de desecho, la destrucción de la figura.
Este período, conocido como Informalismo, se caracteriza por la ausencia de composición, la espontaneidad del gesto, la acción impulsiva y violenta, lo que valía era "el acto de pintar", es decir, la acción de la mano sobre la tela y también del cuerpo. Se usaron materiales no convencionales: chapas, maderas, trapos, las superficies estaban casi siempre muy texturadas, chorreadas, raspadas, rugosas, ásperas, con escrituras grabadas y una tonalidad neutra de grises y ocres y convertían al cuadro en un objeto en sí mismo.
Mezclaban el óleo con carbón, arena, tierra, barro, priorizando lo táctil a lo visual.
Recordamos la conmoción de ese entonces, generalmente en la calle Florida donde se agrupaban las galerías que apoyaron ese movimiento, entre ellas Arte Nuevo, dirigida por el recientemente fallecido Álvaro Castagnino, y la famosa Lirolay de la calle Esmeralda, que dieron cabida a expresiones vanguardistas que cambiaron la visión de nuestro arte.
Como todos los movimientos en la historia del arte, el Informalismo también cayó en las redes de la moda, de allí que la famosa muestra de Arte Destructivo de 1961 se propuso exhibir la destrucción como acto liberador y marcó, podría decirse, el fin del informalismo.
A la cabeza de esta exposición estaba Kenneth Kemble (1923-1998), a su vez, importante crítico de arte que promovió muchas de las más audaces experiencias de los 60, en la que también participaron, Enrique Barilari, Silvia Torrás, Jorge López Anaya, Jorge Roiger, Antonio Seguí y Luis Wells.
Mostraron objetos quemados, rotos, sillas, bañeras, paraguas rotos, ataúdes, muñecos descabezados, pinturas informalistas despedazadas, alusiones a los artistas y críticos de lo que por supuesto desató un gran escándalo y variadas reacciones de la crítica, salvo algunas excepciones, que la calificó de "basural", "lastimoso reducto".
Dividida en núcleos, por ejemplo, Nuevas Propuestas de la Abstracción, incluye sutiles obras de Fernández Muro, Miguel Ocampo, Sarah Grilo, alguna temprana obra de Clorindo Testa.
En la Espontaneidad del Gesto se destacan las obras de Osvaldo Borda, artista cuya segunda retrospectiva se realizó este año en el Centro Cultural Borges, lo que permitió revalorizar su obra y su actitud silenciosa frente al arte, Martha Peluffo, un ícono y musa de esa vanguardia, Kasuya Sakai, Víctor Chab.
La Exploración de la Materia muestra obras de Mario Pucciarelli, Emilio Renart, Antonio Seguí, Clorindo Testa, mientras que en la Estética del Deshecho se incluyen a Luis Wells, Kenneth Kemble, Rubén Santantonín, las esculturas de Alberto Heredia, Ennio Iommi.
Integran la muestra importantes esculturas de Alicia Penalba, Aldo Papparella, Noemí Gerstein,que se atrevieron a incursionar con nuevas formas.
Todos estos artistas marcaron una época, muchos de ellos , los que viven, continuaron desarrollando su creatividad y ocupando un importante papel en nuestras artes visuales. Una muestra que no se ve con nostalgia, por el contrario, nos atrevemos a decir que aquello contra lo que se rebelaron, la belleza, está presente en su contenido, en las sensaciones que producen en el espectador y en su vigencia. De allí las palabras proféticas de Alberto Greco, un cuestionador de los límites entre el arte y la vida que señaló su propia muerte con la palabra "fin" escrita en tiza. En una de las paredes leemos "Creo en la pintura, en la pintura-vital, en la pintura-grito, en la pintura como una gran aventura de la que podemos salir muertos o heridos pero jamás intactos". Una gran lección en tiempos en que el arte ha perdido su poder conmocionante.
Clausura el 8 de marzo.


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