Siempre es mejor subir que bajar -diría el amigo Perogrullo-, y esto se pudo conseguir en el inicio semanal. Inserto el Merval en una onda recuperatoria que surcó por todos los mercados, salvo alguna mala señal doméstica era imposible no llevarse una tajada abundante, después de tanta pendiente depresiva (en la pasada semana con caídas de siete y ocho por ciento, en Merval y Bovespa). Otra cuestión es interpretar cuál resultó el elemento contundente, que hizo dar un respingo a índices globales que estaban cuerpo a tierra. Al parecer, la necesidad de los «muchachos» de Wall Street -después de rodadas consecutivas- hizo que se utilizaran los griegos como argumento a favor. Muy embrollado todo lo que se quería dar como posible causal, quedaron sólo los datos. Y fueron «mixtos» en Europa, hubo de los dos signos, pero con fuerte rebote en el Dow -casi 2 por ciento- y copiado -y aumentado- en San Pablo -suba del 3,8 por ciento- y también en Buenos Aires: incremento del 2,75 por ciento.
Diferencias de 39 a 23 en favor de plazas con alzas, con clausura en los 2.193 puntos y alejando el peligro cierto de perforar los 2.100. Allí se sintetizó todo el cambio. Porque si bien en superficie hubo giro drástico de dirección, en el fondo del mercado todo siguió igual. Apenas 25 millones de pesos, igual que el viernes, con una oferta que resultó nuevamente clave en no lanzar posiciones. Y haciendo repercutir la tenue reaparición de la demanda, que debió pagar más ante la iliquidez de las plazas. Pudo saberse que ayer todos renovaron. Lo demás queda a gusto de cada uno. La Bolsa aprovechó.
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