15 de abril 2013 - 00:00

Venezuela, ¿espejo sobre colectivizar la herencia ultra-K?

Diego Maradona llegó, paseó y se fue de Caracas a pedido de Nicolás Maduro y por una gestión expresa del kirchnerismo: el presidente encargado, que ayer fue electo como sucesor de Hugo Chávez, pidió a la Embajada argentina en Caracas, a cargo del marplatense Carlos Cheppi, que interceda para facilitar la llegada del exnúmero 10 en las horas previas a la elección.

Cheppi facilitó la presencia de Maradona y algo más: mandó a confeccionar varias camisas rojas, embanderadas con los colores de Venezuela y consignas a favor de la candidatura de Maduro. No pudo resistirse y, motu proprio o por sugerencia de Buenos Aires, le hizo agregar un detalle pequeño y sutil en el pectoral izquierdo: la frase Cristina 2015.

Maradona lució la camisa y antes de partir a Cuba, le pidió al embajador que le haga llegar una de las camisas rojas a Cristina de Kirchner.

La anécdota, entre el criollismo y la picardía, reflejó una cercanía con el fenómeno venezolano que tiene, más allá de lo superficial, una trascendencia para el proceso regional y, en particular, puede mirarse como un espejo sobre el manejo de la sucesión para la Presidente que, hasta ahora, está inhabilitada para continuar en el poder más allá de 2015.

Hay varios rasgos para observar: 

Para el esquema regional, con la muerte de Chávez se esfumó el protagonismo de los tres referentes que les dieron entidad y volumen a la Unasur y el Mercosur: el venezolano, Néstor Kirchner y Lula da Silva. El brasileño sigue activo, incluso dedicado a construir lo que llama el "sujeto político" para consolidar la región, pero difícilmente vuelva a presidir Brasil con lo cual la convivencia de la región marcha a estar en manos de otros actores. Hasta ahora, ni Cristina de Kirchner ni Dilma Rousseff,inyectaron a la región el ritmo y el protagonismo que le dieron Kirchner y Lula. La enfermedad también paralizó a Chávez en ese aspecto.

• Sin liderazgos visibles, el esquema regional se enfrentará al desafío de avanzar hacia una conducción colectiva o colegiada, que como hace tiempo sostiene Carlos Chacho Álvarez, debe significar la "institucionalización" de los organismos regionales, una evolución de los espasmos personales de Lula, Chávez y Kirchner.

En el frente local, la experiencia Maduro puede -salvando las distancias- servir como ensayo de transferencia de mando en modelos partidarios hipercentralizados en una figura. La muerte de Kirchner eliminó la dualidad y puso en manos de Cristina el manejo de la política y de la gestión lo cual, ante el escenario de preparar una sucesión, constituye un inconveniente salvo que, como opinan dirigentes K en particular de los sectores juveniles, el modelo consista en que Cristina digite su sucesión y permanezca como una figura, más que de futuro recambio, de fiscalización sobre el desempeño de su sucesor.

• En caso contrario, ante la hipótesis de que Cristina se retire, sirve el esquema Maduro que de arranque tuvo que cohabitar con otros actores y protagonistas del proceso bolivariano, en particular Diosdado Cabello aunque, también, Elías Jaua, o el excanciller Alí Rodríguez, además de los sectores militantes. Aunque de manera traumática, Chávez hizo un esfuerzo por organizar su después, algo que todavía Cristina ni siquiera parece ensayar, salvo en la característica de darle un protagonismo especial a sus seguidores juveniles.    

En ese marco, la idea de "colectivizar" el mando futuro, a lo Chávez, aparece reflejado en los gestos de esconder protagonismos e impedir que aparecezcan figuras con volumen propio, una de las cuestiones que puso a Daniel Scioli en la mira de la Casa Rosada. La candidatura o no de Alicia Kirchner este año en la provincia permitirá consolidar la idea de "kirchnerizar" hasta el último momento la sucesión.

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