Julio Cobos recibió ayer a Francisco de Narváez durante 45 minutos en su despacho del Senado, una foto de campaña que enfureció a la UCR. Después, se fue a Mendoza.
Ni Margarita Stolbizer ni Elisa Carrió accedieron al privilegio que Julio Cobos le otorgó ayer al peronista Francisco de Narváez: una foto de campaña. El vicepresidente aprovechó la furibunda pelea que el empresario-diputado mantiene con Néstor Kirchner y, en una sola jugada, golpeó al Gobierno y a la UCR bonaerense, agrupación que lo excluyó del armado político para las elecciones del 28 en el principal distrito electoral del país.
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Recluido en su despacho del Senado, donde dirigentes radicales y candidatos de todo el país, como lo hacen «ad limina» los obispos con el Papa, lo visitan para tratar de contagiarse de su aura mediática, Cobos le otorgó una audiencia extraordinaria a De Narváez, principal adversario no sólo de Kirchner sino también del Acuerdo Cívico y Social que nuclea a radicales, Coalición Cívica, pero también a su partido, Consenso Federal.
La polémica entre Cobos y la UCR estalló cuando el titular del radicalismo bonaerense, Daniel Salvador, impugnó ante la Justicia electoral al partido de Cobos. Desde las filas del vicepresidente denunciaron una operación política de la UCR para evitar que el ConFe de Cobos presentara candidatos propios, vía colectoras, en los principales distritos de la provincia.
Aunque en el encuentro se habló del Servicio Cívico Voluntario que impulsa el mendocino para combatir la inseguridad, y de la agenda parlamentaria, el significado de la cumbre bilateral Cobos-De Narváez fue traducido sin eufemismos por el intendente de Junín, el ultracobista Mario Meoni: «La UCR y la Coalición Cívica creen que pueden jugar este partido solos, pero se equivocan y juegan mal».
La furia de Carrió y el titular del radicalismo, Gerardo Morales, detonó de inmediato (ver nota aparte). El vicepresidente se solidarizó con el peronista díscolo por lo que considera una persecución política, vía la causa de la efedrina, en plena campaña. Y amagó con reflotar en 2011 la fenecida concertación plural que lo llevó a integrar la fórmula presidencial junto a Cristina de Kirchner, pero esta vez con el PJ de Felipe Solá y De Narváez: «La Argentina está reclamando respeto y debemos acostumbrarnos a un modelo de construcción entre el oficialismo y la oposición, hay que ponerse de acuerdo en los grandes temas, porque es lo que la sociedad nos demanda».
Con una agenda paralela a la del Gobierno Kirchner, el vicepresidente también analizó junto a De Narváez un proyecto de «Asignación universal por escolaridad» que apunta a crear un aporte mensual para todos los menores de 18 años que se encuentren matriculados en una escuela pública o privada, y cubriría a los estudiantes de todos los niveles, con padres empleados o desempleados.
Pero los vínculos de Cobos con el peronismo antikirchnerista no se agotan en De Narváez, quien coquetea con apoyar la candidatura presidencial del santafesino Carlos Reutemann o, por default, del jefe de Gobierno porteño Mauricio Macri. El titular del Senado tiene en Felipe Solá a su principal socio del PJ díscolo: diálogo casi permanente, intercambio de datos de encuestas y un diputado mendocino, Enrique Thomas, jefe de la bancada felipista y ex candidato a vicegobernador en la fórmula cobista que encabezó el radical cobista César Biffi.
Es justamente Thomas quien sueña con una fórmula Cobos-Solá 2011, aunque desde el cobismo aseguran que hasta que el vice no tome licencia o culmine su mandato no habrá especulaciones presidenciales.
Al término de la reunión de ayer, que duró 45 minutos, De Narváez informó que «Cobos me expresó su solidaridad por lo que está pasando en la campaña, pero no discutimos cosas de la campaña; hablamos de lo que hablan los políticos de fuerzas diferentes; de la vocación de construir consensos en el Congreso, de trabajar en proyectos comunes que beneficien la vida de los ciudadanos».
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