“Veo al Ballet del Colón más sólido en lo técnico”

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Hasta el sábado, el Ballet del Teatro Colón (que dirige Maximiliano Guerra) salda una deuda con el repertorio mediante el estreno argentino de "Sylvia" de Frederick Ashton sobre música de Léo Delibes. El ballet, de ambientación y argumento mitológico sobre una partitura romántica, cuenta con los protagónicos de Karina Olmedo, Nadia Muzyca y Macarena Giménez, más Federico Fernández, Fabrizio Coppo, Dalmiro Astesiano, Vagram Ambartsoumian, Nahuel Prozzi, Edgardo Trabalón, Daiana Ruiz y Paula Cassano. Participa la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires dirigida por Emmanuel Siffert. Dialogamos con Susan Jones (American Ballet Theatre), repositora de este ballet.

Periodista: No es la primera vez que trabaja con el Ballet Estable del Colón. ¿Cuál es su impresión del estado actual de la compañía?

Susan Jones:
Sí, estuve en los 90 montando "Bayadère". Los bailarines son ahora más fuertes técnicamente. Cuando vine aquella vez había más bailarines mayores que, supongo, estaban esperando el retiro, y ahora eso no sucede. Hay un grupo mayor de bailarines técnicamente más avanzados de lo que había antes, cuando sólo era un número reducido.

P.: ¿Cuál es la importancia de "Sylvia" dentro de la producción creativa de Ashton?

S.J.:
"Sylvia" es una obra casi única en el tema griego, es algo completamente distinto de por ejemplo "La fille mal gardée". "Sylvia" tiene una majestad que va en consonancia con la temática. Y es una obra grande: el tercer acto requiere 40 personas en escena. "Cenicienta" es grande pero no tanto. La organización del tercer acto es muy complicada pero también asombrosa. Cuando la obra se estrenó en 1952 no tuvo mucho éxito, y por eso Ashton la retiró. Sólo a comienzos de la década del 2000 el Royal Ballet, a través de Christopher Newton, lo rescató, y fue un éxito tremendo: los diseños fueron modificados respecto de los originales pero conservan mucho de los primeros. Es una producción magnífica. A diferencia de algunas obras de Ashton, requiere un gran rango por parte de la protagonista: en el primer acto debe saltar como un guerrero, en el segundo debe ser sexy, en el tercero es romántica pero con cierto clasicismo: hay muchas facetas distintas de su personalidad plasmadas en la coreografía, y eso lo vuelve un gran desafío. Ashton lo creó para Margot Fonteyn en vistas de mostrar todas sus habilidades, y para ella también fue un desafío técnico. La musicalidad tanto de Ashton como de Fonteyn está muy presente en la coreografía.

P.: ¿Qué otras características y dificultades sobresalientes tiene la obra?

S.J.:
Aconsejo al público leer el argumento antes de ver el ballet, pero al mismo tiempo la historia es muy fácil de entender cuando se ve. Es una historia dramática, hay virtuosismo, mucha musicalidad. Y Ashton era un magnífico narrador: en todos sus ballets se destaca su capacidad para contar al público la historia, no hace falta mucho para comprender.

P.: Ashton era sudamericano de nacimiento.

S.J.:
Sí, había nacido en Ecuador, y en Sudamérica vio a Anna Pavlova por primera vez. Él era un muchacho y guardó un recuerdo muy vívido de eso durante toda su vida, y eso lo decidió a ser coreógrafo. Hay un paso llamado "The Fred Step" que aparece en las coreografías de Ashton, y también en "Sylvia" en muchas formas diferentes. Y supuestamente es algo que él recordaba de Pavlova. Me encanta contarles esa historia a los bailarines para que comprendan "The Fred Step".

P.: Usted integró el ABT como bailarina, luego como asistente y maestra. ¿Cuáles diría que son sus rasgos diferenciadores respecto de otras compañías?

S.J.:
Desde el principio los integrantes del ABT fueron exigidos en su versatilidad: tuvieron que hacer obras contemporáneas, clásicas... y venían de escuelas muy distintas. Actualmente tenemos una escuela muy sólida y los integrantes tienen un entrenamiento similar, lo que hace mi trabajo mucho más fácil, pero todavía hay una gran mezcla cultural, y eso marca una diferencia grande con el Royal Ballet, el Mariinsky o la Ópera de París. Y el repertorio es amplísimo. Ahora muchas compañías en el mundo están haciendo un poco lo mismo y pidiendo a sus bailarines una mayor versatilidad.

Entrevista de Margarita Pollini

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